La cuarentena de los encuarentenados

Antes de que las cuarentenas aparecieran en la historia, en épocas lejanas se había ideado el aislamiento de personas para evitar la propagación de enfermedades como la lepra, posteriormente esta técnica funcionó como medida de contención frente a enfermedades de rápida propagación, contagio y alta probabilidad de causar la muerte como en el caso de las pandemias.


Si bien es cierto, el aislamiento se pensó como forma de prevenir el contagio, también se utilizó extendidamente en el tiempo y en diferentes lugares como forma de “sanar” a quienes eran considerados como enfermos, en ocasiones se creía que había que lidiar con enfermos irreparables, lo que implicaba que quienes hoy conocemos como personas con discapacidad, independientemente que tuvieran discapacidad psicosocial, cognitiva, visual, auditiva, sordoceguera, física o múltiple, fueran recluidas durante meses y años en centros “especializados” en la atención de personas con cualquiera de estas “deficiencias”.


Se crearon así instituciones para la atención de personas consideradas no aptas para convivir con los demás o que necesitaban tratos hiper especializados para subsistir como los sanatorios, hogares de reposo, casas de atención a niños “especiales” o “retardados”, entre otros. El aislamiento se convirtió en la norma en lugar de la excepción para las personas con discapacidad que en los tiempos en los que se sitúa este relato no se consideraban de esta manera, por el contrario se consideraban como enfermos, poseídos, anormales o defectuosos, gracias a nuevas formas de interpretación se deriva el cambio en las palabras para referirse a la discapacidad y por eso ya no se habla de retardados, minusválidos, discapacitados, etc.

En este orden de ideas, el aislamiento no solo implica evitar contagiarse y ser contagiado, pues quien se aísla se ve privado de las interacciones sociales
fundamentales; la cuarentena es tal sobre todo por las privaciones, que por el hecho de estar distanciados y tener que permanecer en los hogares, así que la cuarentena que hemos vivido las personas con discapacidad, es una cuarentena de profundización de la exclusión social, una cuarentena de marginación, una cuarentena de falta de oportunidades, de negación del reconocimiento de la diversidad, en la otra cara de la moneda, quienes han permanecido algunos meses trabajando, estudiando y realizando diferentes actividades desde casa como antes lo hacían en la calle, tan solo se han visto separados temporalmente de la presencia física y la interacción con personas y lugares, pero reitero, solo de manera transitoria.


La manera en que las personas con discapacidad vivimos “la cruel pedagogía del virus”, según el sugerente título de la reflexión que hace Boaventura de Sousa Santos, es alarmante, somos de las poblaciones que tenemos mayores niveles de desempleo, menores niveles de formación académica, experimentamos variadas formas de violencia, en particular la violencia en el hogar reflejada en estadísticas que evidencian la permanente violencia intrafamiliar, entre otras problemáticas; la cuarentena de muchas personas con discapacidad en el mundo no ha sido de cuarenta días o de algunos meses, la cuarentena ha sido constante debido a la discriminación social en ocasiones, la sobreprotección y limitantes que ponen las familias a las personas con discapacidad en otras y el mantenimiento del imaginario que recae sobre la discapacidad como necesitados de caridad para superar la enfermedad o la anormalidad, en lugar del reconocimiento como titulares de derechos y de autonomía tanto por parte de los Estados, como por parte de las sociedades.


La cuarentena hace tiempo propiciada por el capacitismo, no es otra cosa que la negación de derechos, la negación de sujetos y subjetividades, es viva expresión de las desigualdades, las múltiples formas de discriminación y de la dominación de supuestos “superiores o mejores” sobre los “inferiores o perores”, es el modelo económico y político vigente, que ahora a causa de una enfermedad potencialmente mortal de rápida propagación, lleva a cuarentena a muchos que no estaban encuarentenados previamente (valga decir que migrantes, exiliados, desplazados, miles de mujeres, población carcelaria, niños, niñas y jóvenes también viven variados tipos de cuarentena), en definitiva la cuarentena no significa tener que permanecer en casa; es la privación del trabajo, la educación, la salud, la cultura, el deporte, la recreación, la posibilidad de acceder a una pensión, la vivienda digna, la participación política, vivir en entornos saludables y
comprometerse con causas sociales como la protección ambiental, etc.


Lo que nos está enseñando el covid-19 es que estamos en un orden de cosas
desigual, en el que una enorme cantidad de personas han vivido en cuarentena durante años porque no encuentran oportunidades, posibilidades de vivir bien y como quieran, prevalecen los prejuicios que nos terminamos creyendo y llevando a la práctica, lo que genera discriminación, negación de los otros y las otras, desconocimiento de los derechos que le asisten a cualquier ser humano y la desafortunada perpetuación de los privilegios de unos pocos no aislados y muchos carentes y confinados que no pueden acceder a las oportunidades.

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