Fascismo en Colombia

En Colombia se están incubando las condiciones para que se imponga un fascismo criollo del siglo 21, que culmine la demolición del sistema de democracia liberal que sobrevivió a medio siglo de conflicto armado. El sentimiento de tener una clase dirigente con varios estadistas de relevo, que fue el ilusorio orgullo de Colombia, dejó de existir. Nos tocó conformarnos con políticos que no ven más allá de los beneficios del poder personal, mientras el barco avanza en la tormenta en medio de arrecifes. Ante la crisis terminal de los partidos que alguna vez construyeron Estado, ocupa el vacío un movimiento político aglutinado por Álvaro Uribe, con capacidad para enterrar la democracia liberal.

ALEJANDRO REYES

Partimos de la idea de que asistimos a una crisis de la democracia de carácter global, incluida Latinoamérica (1). A ello se suma que desde antaño en Colombia sufrimos las imperfecciones y límites de nuestra democracia, aún teniendo en cuenta el progreso relativo ocurrido en las últimas décadas. Vamos a comentar brevemente los factores que, en nuestro criterio, inciden en el anterior juicio. Para ello seguimos algunas consideraciones del sociólogo español Manuel Castells y del argentino Pedro Raúl Noro.

Este último reseña un comentario de Eda Saccomani caracterizando el fascismo, advirtiendo que dicho fenómeno político tiene diversas modalidades o acentos. La definición más general reza así:

“Es un sistema de dominación caracterizado por el monopolio de la representación política organizada en un partido único, vertical y de masas (...) que exalta la colectividad nacional y desprecia los valores del individualismo liberal y los derechos del hombre como fueron interpretados a partir de la Revolución Francesa. Tales derechos son rechazados visceralmente porque la razón y la libertad adquieren  demasiada  preponderancia como posibilidad de crítica y de ejercicio de opciones, y por tanto, se enfrentan  a cualquier forma de autoritarismo y todo aquello que suene a uniformidad colectiva (...) El partido fascista es obviamente vertical y siempre liderado por un jefe supremo quien cree interpretar las necesidades y aspiraciones profundas de la nación” (2).

Frente a esta definición indicamos varias cuestiones: a) Sobresale la confrontación con formas de individualismo emanadas del proceso de consolidación histórica del liberalismo, en torno a la libertad (3). En ningún caso, se trata con el fascismo de propiciar un colectivismo de tipo marxista, cuya expresión sería el socialismo cubano o la Rusia soviética. Pues el fascismo, defiende la propiedad privada y la libre empresa, y cabalmente liga ésta última a las orientaciones políticas y culturales de la dirección de un partido único. Un ejemplo de esto puede ser el modelo corporativo del Estado, que pretende unir en el gobierno a los intereses de los gremios económicos poderosos. 

b) Señalamos que desde el fascismo, el sentido amplio de las libertades de las personas, son negadas o perseguidas, en función de una posible uniformidad de las opciones, ideas y acciones que atañen precisamente a los individuos, para encauzarlas en las orientaciones del partido único, o del Estado autoritario, o también de su orientación cultural y religiosa, si ésta es explícita o solo sugerida; cuestión que tiene un sentido histórico y cultural, sedimentado en el tiempo con diversos aportes culturales, globales o nacionales, según el país de que se trate. 

c) Esa libertad se ha concretado en una compleja escala de tiempo progresivo, y refiere por ejemplo, a la relativa espontaneidad de mis decisiones como sujeto en el medio familiar y social, junto con las iniciativas que atañen, de forma cada vez más enfática, a las oportunidades que ofrece una educación y una salud brindadas por un Estado social de derecho. Igualmente atañe dicha libertad a la libre iniciativa económica y la libertad de empresa, a la libertad de pensamiento y expresión, en el medio de las nuevas realidades tecnológicas de la comunicación, a la libertad de cultos y a la libre manifestación diversa de las culturas y las etnias, a la factibilidad de diferenciarme según el género femenino o masculino, sin la marca de la sexualidad biológica, a la posibilidad de abortar por parte de las mujeres, a la privacidad del individuo en su hogar, inviolable por la autoridades, salvo una orden judicial de entrada a mi casa. Algunas de dichas libertades vienen de siglos anteriores, con el desarrollo del capitalismo y las instituciones republicanas, y otras, provienen de tiempos más recientes, en la apertura constante, sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX.

d) El anterior horizonte se enfrenta a la definición del fascismo, que restringe ese espectro de libertades, o las recorta, según su talante y el país de que se trate. En esta presentación sugerimos un contraste explicativo y esquemático, para interrogar el sentido amplio que hemos manifestado sobre la libertad, a partir de datos e interpretaciones históricas que, según nuestro criterio,  confirman o niegan algunas de estas manifestaciones libertarias, en el curso de la historia reciente de Colombia, y nos ofrecen ejemplos de manifestaciones políticas fascistas. 

ALGUNOS ANTECEDENTES RECIENTES DE NUESTRA DEMOCRACIA

En nuestro país no podemos decir que haya existido un partido único, rigiendo los destinos de la nación, al estilo del fascismo italiano, el nazismo alemán, o el socialismo cubano. Pero bajo cierta proximidad con aquello, encontramos que durante el Frente Nacional (1957-1974), los partidos tradicionales lograron ponerse de acuerdo, alternando para dirigir el país, luego de una sangrienta lucha por el poder en los años 40 y 50. Y al hacerlo solucionaron solo parcialmente el problema de la violencia, porque dejaron de lado reformas fundamentales, como la del agro, cuestión que se remonta a la República y a la Colonia. Un ejemplo de esta situación estructural, fue el intento de Carlos Lleras Restrepo de adelantar una reforma agraria, y su fracaso, que se perfila con el llamado “Pacto de Chicoral”, durante el gobierno de Alfonso López Michelsen.

En esa alternancia del poder, los partidos tradicionales perpetuaron la exclusión de las clases medias, campesinas, intelectuales y obreras, dicha segregación fue agenciada por unas élites económicas y políticas que se lucraban burocráticamente del Estado, al estilo del corporativismo. Es en este contexto que surgen las rebeliones campesinas y estudiantiles que dan origen a las FARC o al ELN, y todo ello en el marco de la Revolución Cubana (4). El Frente Nacional implicó que el país estuviera permanentemente en Estado de Sitio, como un rasgo que limitaba las libertades políticas de los ciudadanos; y como marco generado para reprimir las luchas o reivindicaciones de los sectores excluidos de la sociedad. Tal carácter se profundizó y sofisticó aún más bajo el contexto de la guerra fría y de la influencia vertical y abierta de los Estados Unidos, en los gobiernos colombianos y latinoamericanos; con matices diferentes, pero cercanos, pues una cosa fueron las dictaduras militares de Cono Sur y otra, las represiones de gobiernos colombianos, como el de Guillermo León Valencia o, posteriormente al Frente Nacional, y el gobierno represivo de Julio César Turbay Ayala, esos últimos con elecciones formalmente democráticas, pero excluyentes  y reaccionarios a su modo. Entonces, se podría decir que las libertades democráticas no tuvieron en aquella época oportunidad de desarrollarse, y se aproximaron, bajo acuerdos imperialistas y elitistas, a un talante autoritario en lo político, lo cultural y lo económico. 

Desde la época del Frente Nacional haremos un salto. Ahora nos remitimos a las últimas dos décadas, para hacer algunas analogías, en torno a la cuestión anotada en la definición sobre el partido único, propia del fascismo. Pero veamos brevemente algunos aspectos de las últimas décadas del siglo XX. Posterior al Frente Nacional surgieron diversos partidos, de centro, izquierda o derecha, junto con la elección popular de alcaldes y gobernadores, horizonte nuevo que implicaría, una mayor libertad y democracia, para la participación del ciudadano en la elección de sus gobernantes. Pero esas colectividades, quedaron aún más determinadas ahora por los intereses de las familias y los clanes regionales que hacen la política, supeditando lo público a los intereses privados, y aún más, también conectando los intereses mafiosos del narcotráfico a la gestión pública, lo que tuvo consecuencias nefastas para la democracia, penetrada ahora por aquellos intereses mafiosos (5). De otra parte, ciertas novedades históricas provienen de factores complejos que acentuaron la crisis de la democracia colombiana: la creciente fortaleza de las FARC y ELN a finales del siglo XX, el paramilitarismo, y la enorme corrupción que deslegitimó el gobierno de Ernesto Samper, con ocasión del “Proceso 8.000”. Estos factores de confrontación y deterioro, llevaron, como lo previó el filósofo Estanislao Zuleta, a una salida aún más autoritaria encarnada en los dos gobiernos de Álvaro Uribe. Con lo cual se logró arrinconar a las FARC, pero se perdieron libertades políticas, mientras la sociedad entró en una fuerte polarización política. Pero también hemos de decir, que los movimientos indígenas lograron posiciones fuertes encarando a los gobiernos, creció la libertad de los movimientos feministas y LBGTBIQ+, se consolidó la opción del aborto en tres casos, hubo avances en el voto ciudadano libre al interior de las grandes ciudades, y se dió el desarrollo de partidos de centro y de izquierda, los cuales ofrecen opciones para hacer oposición frente al establecimiento. Igualmente el desarrollo de internet abrió las redes sociales a una mayor libertad de expresión, ampliando el espectro de la opinión y la comunicación de forma instantánea, pero significó también la emergencia de la calumnia y la mentira como formas de influencia política, y de los robots que pueden generar corrientes de influencia pasional o irracional sobre los ciudadanos.

APROXIMACIONES RECIENTES AL FASCISMO 

Hechas las anteriores consideraciones, pasamos ahora a caracterizar algunos rasgos del autoritarismo del partido de gobierno, llamado por su fundador “Centro Democrático”. La intención es aproximar los rasgos del fascismo con las características de la organización política que promueve ese partido.

CAUDILLISMO

Esta condición es típica del fascismo y de los regímenes totalitarios, al producirse la supuesta ligazón del Estado y la nación, con la personalidad de un líder que recibe admiración y respeto, y que como sujeto sobresaliente emana obediencia desde sus decisiones y autoridad. En Latinoamérica esto implicó históricamente la posibilidad de que el caudillo monopolizara en diversos grados la economía de  un país, fortaleciendo sus nexos con oligarquías, militares, y la religión católica, generando también una admiración servil del pueblo (6). Todo esto implica, desde diversos matices posibles, según el país y el momento, la posible supresión de la autonomía y la libertad de los individuos y ciudadanos, sea porque son simplemente reprimidos, o sea porque se adhieren al líder, sin ofrecer rasgos claros de discernimiento crítico y racional, sino más bien desde un apego pasional que entrega seguridad o protección a cambio de responsabilidad y libertad. Ya sea porque el caudillo logra aglutinar con eficacia intereses oligárquicos de elotes tradicionales, o porque sea allí con intereses mafiosos, y todo ello,  sucede coartando y la libertad y movilizando ciertos sectores sociales para fortalecer el régimen impuesto por el caudillo. En Colombia surgió nuevamente este liderazgo en los últimos años, como una respuesta a la acentuación crítica de la guerra, que  marcó el fracaso militar y político de gobiernos como el de Ernesto Samper y Andrés Pastrana (7). Entonces, Álvaro Uribe se convirtió en el salvador del país al combinar en sus ejecutorias de gobierno, comunicación, liderazgo, y complejas redes clientelistas en lo legal y lo ilegal.  

Dado este marco histórico, postulamos unas ideas sobre la psicología social de este caudillo: bajo su creciente influencia política, este hombre formó pacientemente el infundio de ser irremplazable como gobernante que ofrece soluciones definitivas. Ha tejido con el tiempo una red de poder económico y político para controlar gremios poderosos. Lo pudo hacer porque inicialmente él tuvo un gran poder económico, proveniente de herencias y presumiblemente de beneficios obtenidos con las mafias del narcotráfico, y además, fue hábil para asociarse en redes clientelistas con el paramilitarismo (8). 

Utiliza el caudillo sistemáticamente la mentira, movilizando con inteligencia las redes sociales, para influenciar a la masa que lo sigue. Un ejemplo entre muchos: puso a circular la versión de que las reformas sobre el agro surgidas en los diálogos de La Habana, eran injustas para honestos empresarios del campo, y que el país iba a quedar en manos del castrochavismo y las FARC. Otro ejemplo que caracteriza la persecución a opositores: incriminó implícitamente a sus opositores, periodistas, políticos, o simples ciudadanos, señalandolos de terroristas, al atreverse a criticar su gobierno en medios públicos. Igualmente, determinó seguimientos y acosos a políticos, opositores y periodistas, por parte de organismos de seguridad como el DAS. Aquella incriminación constante es una forma eficaz de hacer política por medio del terrorismo psicológico, por cuanto logra con ello movilizar a su favor las pasiones de sus bases, que no solo son las élites, sino pueblos y regiones que lo admiran. Además de que pone en peligro la vida de sus opositores (9). Puso las manos en el fuego por un jefe del DAS (José Narváez) hoy encarcelado por graves delitos, y condenado por el homicidio del humorista y periodista Jaime Garzón. Y logró que lo reeligieran como presidente por medio de sobornos a Yidis Medina y Teodolindo Avendaño. Utilizó los servicios secretos del Estado para socavar la acción de otros poderes, que como el judicial, rama que investigaba los crímenes cometidos por sus amigos y familiares, en su relación con el paramilitarismo. Entonces decía a sus amigos parlamentarios que votaran los proyectos de su gobierno, antes de que fueran a la cárcel. Finalmente, sus servidores fraguaron confabulaciones contra magistrados que investigaban, a través de falsos testimonios venidos del hampa (10). Para destruir a sus enemigos supremos, argumentando la defensa de la patria, dio premios en dinero a los militares, motivando que se mataran no solo guerrilleros sino gentes humildes que pasaron por ser guerrilleros. El soldado podía así obtener un dinero por cometer crímenes en Soacha. Y el caudillo ganaba popularidad en su lucha contra los subversivos. Finalmente puso a circular en el juego mediático que no hay soluciones intermedias, o son los malos, o es él y sus alfiles, que nos dan la esperanza para salvarnos a todos. Recientemente, en diciembre de 2019, frente a un reclamo que le hizo un joven en una playa de Santa Marta, respondió que “no vamos a permitir que la izquierda suba al poder en Colombia”.

Este hombre, puede hacer todo esto desde el maquillaje sentimentaloide sobre su amor a la patria y su corazón grande, que lucha por nosotros y nuestras familias. Finalmente, es absolutamente hábil para actuar tras bambalinas, de modo que otros hagan el trabajo sucio por él. Y muchas veces hasta les toca ir a la cárcel, pero él afirma que son perseguidos políticos de un gobierno traidor a sus ideales o de un aparato político de justicia. 

ESTADO DE OPINIÓN

Una relación estructural y activa con el caudillismo es el discurso ideológico sobre el estado de opinión, que cabalmente, socava la idea del Estado social de derecho. Supone que sí hay una opinión extendida de los ciudadanos sobre la buena gestión de un líder, medible y/o producida en encuestas, en expresiones de redes sociales, o en favorecimiento de medios poderosos, incluso en elecciones que dan respaldo político, entonces, dicho estado de opinión sería  la continuación del Estado de derecho. En realidad es una socavación de tal Estado, pues subjetiviza y manipula la conformidad de un pueblo, sobre la base de la popularidad de un líder, ficticia o real. Y entonces va más allá de la objetividad jurídica y política que supone el Estado de derecho, objetividad que es una regla para la democracia, así como su deber ser formal, y tiene por lo menos tres condiciones: primero, supone que prima el principio de legalidad y el respeto al orden jurídico, los cuales tienen relación con la constitución política de un país. Segundo, se centra en el bienestar de los ciudadanos;  y tercero, se funda en las libertades de los ciudadanos. Detrás del estado de opinión hay el intento de dar legitimidad al caudillo, sobre la base de una idea del Estado, que es la unión del líder y su pueblo, idea propia del fascismo y el totalitarismo; y por ende, del partido único, aun si se admiten otros partidos en el juego político, pero se intenta combatirlos de distintas maneras, o integrarlos a su cauce. 

El estado de opinión o la sobreexplotación de los canales mediáticos como parte de la política ejercida por un determinado gobierno, consolida una nueva naturalidad que podemos llamar “la selectividad del Estado”. La pérdida de la objetividad jurídica y política permite que en el ejercicio del poder los relatos difundidos masivamente sean selectivos y acomodados de acuerdo a los intereses puntuales del partido de gobierno. El reduccionismo de la operación mediática gubernamental se traduce en la captación de la democracia, en tanto se pierden lugares de enunciación legítimos sobre lo que acontece o lo que se opina sobre un determinado suceso. La opinión pública deja de ser divergente, y se estrechan los espacios para el disenso, pues, cualquier opinión contraria al estado de opinión creado por el poder, es entendida dentro de un relato antinacionalista. Los espacios de discusión quedan relegados a encuentros reducidos, la protesta es criminalizada, el ejercicio de las cortes es ridiculizado y cualquier crítica al estamento, es respondida con demagogia mediática y campañas propagandísticas que continúan edificando un mono relato de patria. 

MILITARISMO

El significado del ejército, tiene relación estrecha con las ideas y prácticas fascistas, pero también encuentra un sentido dentro de la democracia liberal. Se supone que un Estado mantiene un ejército para defender la seguridad nacional, para defender a todos los ciudadanos, o para agredir o someter a otro Estado dentro de las relaciones geopolíticas; pero en todo caso el ejército ha de mantener, desde la concepción democrática liberal, una independencia frente al poder político, que emana de la vida civil y ciudadana. El ejército no debe ser deliberante Por eso, no se ideologiza por parte del Estado. Adquiere un grado de profesionalismo, respondiendo a las órdenes del ejecutivo en su posible relación con el legislativo. En la idea fascista de la sociedad y el Estado esto cambia, y el ejército es un bastión clave del Estado y de la nación, con imaginarios acentuados en la población, como la representación de la patria, en su conexión con los ideales religiosos, raciales, o claramente nacionalistas, con lo varonil y fuerte, con la lealtad total al líder, y con la red de poder que emana de él. 

Al combatir a las guerrillas Uribe logró dar fuerza y cohesión a todo este sentido, y por eso pudo utilizar el ejército para arrinconar con eficacia a la guerrilla, y desarrollar los falsos positivos, con la idea del premio y la guerra psicológica de un Estado militarista y ganador. Lo cual correspondió, hay que admitirlo, también a la fuerza y organización represiva y cruel de las FARC contra el ejército. Ejemplo de ello fueron las cárceles en medio de la selva y el talante militarista y radical del mono Jojoy, comandante guerrillero abatido luego en el gobierno de Juan Manuel Santos.

Al entrar Juan Manuel Santos en la negociación del proceso de paz, Uribe rechazó cualquier acuerdo que no significara la rendición y la cárcel para los guerrilleros (11), bajo la idea de que no había en Colombia un conflicto armado sino una amenaza terrorista. Y por ende, el ejército y el Estado, unidos, representaban legítimamente a la sociedad y la patria, como un todo homogéneo; y el ejército, desde sus acciones de batalla debía salir indemne de tal proceso ganador, porque solo había defendido las instituciones legítimas, con Uribe a la cabeza. Por eso el rechazo hoy a la JEP, con el argumento de la impunidad para los guerrilleros de la cúpula dirigente. Pero en el fondo lo que le interesa es salvar la dignidad absoluta e intachable del ejército como “cuerpo”, enfrentado al simple y llano terrorismo. De lo contrario no habría homenajeado a hombres como Rito Alejo del Río, y no habría cohonestado o tolerado la unión del ejército y las Convivir (12), y finalmente, los acuerdos tácitos con el paramilitarismo. Eran posibles todos los métodos para combatir al terrorismo de las FARC. Incluso el control compartido y violento de los territorios, por parte del ejército y los paramilitares. Pues estos últimos hacían un trabajo sucio con el respaldo clandestino del ejército. 

Ahora, desde el senado, Uribe no quiere que se conozca la verdad sobre todos los actores de ese conflicto; porque eso significaría la demostración de verdades atroces de la guerra, de crímenes de todos los bandos, de la verdadera existencia de un conflicto armado, y sobre todo, de un posible resarcimiento de las víctimas. Por eso en su debate contra la JEP, querían los miembros del Centro Democrático separar la verdad de la pena, es decir, el militar quedaría eximido de decir la verdad. Y entonces existiría un tribunal especial solo para militares, que contarían con su propia defensa legal, casi como una justicia penal militar, en relación con actos del servicio. Pero todo este razonamiento, no cuenta con que hoy la Corte Penal Internacional puede juzgar crímenes de guerra de los militares. 

Así que, cuando Uribe ve a los militares declarar ante la JEP, lo rechaza, y no comenta el silencio del general Mario Montoya sobre los falsos positivos, pero pone el grito en el cielo con la absolución de la señora Baquero, participante en una acción contra el ejército, sobre lo cual, el actual ministro de defensa ha interpuesto un recurso legal, por considerar que ella fraguó un acto terrorista con un carro bomba. 

El caudillo busca ahora que los militares puedan votar, rozando peligrosamente la idea fascista, al igual que presumiblemente se promueven desde instancias gubernamentales y de su partido, espionajes realizados por el ejército (13), espionaje a los ciudadanos, políticos y periodistas, de forma parecida a como ocurrió y sigue dándose hoy en diferentes Estados totalitarios o autoritarios (14). En este sentido resultó muy preocupante que el ejército hubiese publicado en Twitter una lista titulada “oposición”, incluyendo en ella a periodistas y organizaciones sociales; esto ante el reclamo que hicieron varios medios, aclararon que se trataba de un listado de monitoreo, sobre temas en relación con el ejército. En todo caso, este evento ocurrido en redes, promueve la desconfianza de los ciudadanos, frente a la creciente conexión del ejército con el Centro Democrático. No es algo despreciable para el análisis, que hoy salgan a la luz fotos del Neñe Hernández (15) con militares de alto rango; este ganadero compró votos para la campaña presidencial de Iván Duque, con el apoyo del mafioso Marquitos Figueroa, sumada a esta, hay evidencias de acciones que muestran un vínculo de este hombre con las fuerzas militares. El ejército parece hoy dividido en facciones que apoyan a Uribe y sectores más tolerantes que  comprendieron la importancia de la paz. Por eso mismo, al posicionarse como presidente Iván Duque, representantes del Centro Democrático exigieron la remoción de altos mandos militares que eran subordinados de Santos. 

En el orden de la emergencia del facismo, el carácter militarista del Estado es aceptado sutil y progresivamente por la sociedad a través de diversos mecanismos que se han gestado desde el origen de los Estado nación. Estos mecanismos son dispositivos discursivos sobre el relato socio histórico que da pie y fundamenta la consolidación de la idea de la patria. Amarrada a mitos fundacionales, consignas políticas e ideológicas que defienden la identidad nacional por sobre todas las cosas, y  la construcción ontológica del “enemigo” o de “la amenaza”, las sociedades construyen un andamio que soporta la idea militar por sí sola. Como si se tratase de un imperativo divino, el cuestionamiento al accionar de las fuerzas del orden desaparece en tanto esas fuerzas encarnan la legitimidad construida alrededor de la idea patriótica y de la idea de la identidad nacional. 

En esa concepción ha tenido mucho que ver la idea de que los Estados viven amenazados por agentes externos o internos que ponen  en duda el curso natural del desarrollo de los países. El macartismo es un ejemplo de la construcción discursiva e ideológica de esa dinámica que subraya los pensamientos beligerantes como patologías sociales que ponen en riesgo la seguridad de la sociedad. esa patologización subvierte la diversidad de pensamiento que emerge de la sociedad espontáneamente, y vuelve los ojos sobre la desterritorialización del pensamiento divergente. En otras palabras, el pensamiento que cuestiona el modelo de pensamiento del poder, no proviene de la sociedad misma, sino que es marcada como una circunstancia de amenaza per se. 

Adicionalmente que sean las fuerzas armadas y del orden quienes encarnan la legitimidad incondicionada del relato de nación, siendo estas quienes ostentan las armas, y por ende el monopolio legítimo de la violencia, auna espacios de poder que fácilmente permiten el abuso y la toma de decisión política por parte de dichos sectores. 

De la misma forma en que el Estado es secular, debemos aseverar que un Estado que se encuentra saludable, debe procurar ser antimilitar. Sin embargo, el paradigma mundial recurre con facilidad a discursos militaristas que calan con facilidad en la sociedad a costa de los miedos engendrados que anteriormente referimos; Cada vez el gatillo se vuelve más ligero para catapultar acciones militares al interior del país, creando Estados de excepción constantemente y derivando en acciones represivas contra una sociedad que desde el discurso oficial ha sido catalogada como maligna. 

LA MEMORIA 

La memoria histórica ha sido un aspecto determinante en los procesos de paz y transición de diferentes países que han sufrido conflictos internos. La memoria no solamente implica el acto de recordar sino que constituye una herramienta para la resignificación de las víctimas, así como la diversificación de relatos que hacen frente al oficialismo y a las fuentes militares que adquieren injerencia en la historia y la forma en que se relata dicha historia. Es por esto que en los últimos años y con la consolidación de una entidad dedicada a construir memoria histórica desde diferentes flancos como lo es el Centro Nacional de Memoria histórica (CNMH), aparecen tensiones políticas, y la memoria se vuelve un campo de disputa pública que plantea cuál es o son las historias que queremos contar sobre nuestro propio conflicto. Es entonces, cuando el ethos militarista del Estado que gobierna Colombia actualmente plantea direcciones muy concretas sobre el devenir y enfoque de dicha institución, dirección que mucho daño le hace a la democracia y a la posibilidad de tener acentos diferenciados sobre lo ocurrido

De ahí que Darío Acevedo fue nombrado director del CNMH luego de que su antecesor, Gonzalo Sánchez dejara el cargo después de un importante legado investigativo, y un compromiso profundo para con las víctimas del conflicto armado. Recordemos que el CNMH se rige por la ley 1448 del 2011 que crea un primer marco jurídico para la justicia transicional después de las desmovilizaciones de las AUC en el 2005. La ley entonces, organiza una serie de medidas jurídicas, administrativas, sociales y económicas en beneficio de las víctimas del conflicto armado colombiano. El CNMH está articulado a este marco y obtiene la misión de contribuir a la reparación integral y al derecho a la verdad, a través de la recuperación, conservación y divulgación de las memorias plurales de las víctimas.

La llegada de Acevedo puso en tensión diferentes posturas políticas sobre la labor y gestión de la entidad entre las cuales se destaca el debate sobre la existencia de un conflicto armado, las potencias del museo como dispositivo institucional reparador, el carácter científico de las investigaciones realizadas y publicadas, los alcances mismos de la entidad en términos de reparación, y consideraciones ideológicas que fueron impuestas desde la dirección general a la producción académica y museal de la entidad.

Bajo la premisa de incluir a todas las víctimas, Acevedo ha venido adelantando una agenda política clara con sectores polémicos como son las fuerzas armadas y más recientemente FEDEGAN. La defensa de Acevedo alude a la ley 1448 y la interpretación de atender a todas las víctimas, sin embargo, no deja de hacer ruido la ligereza con la que se caracterizan las “víctimas”, siendo estos sectores en muchas ocasiones responsables de violaciones sistemáticas de derechos humanos a través de probadas alianzas con el paramilitarismo.


Parece entonces que las víctimas del conflicto ya no son la prioridad institucional para pensar la reparación y la construcción de paz, sino que ahora se da paso a la emergencia de sectores políticos conservadores que han fijado la vista tardíamente en el poder de la narrativa de la memoria histórica para encontrar discursos legitimadores y por qué no, impunes. De esta forma, Acevedo responde a la estrategia clientelista del poder derechista, que busca en todos los frentes, anular las responsabilidades de ciertos actores en el marco del conflicto armado.

Sumado al estado de opinión anteriormente abordado, encontramos que el camino para la historia y la diversidad de interpretaciones sobre nuestro pasado y nuestro presente es estrecho. La maquinaria del poder controla desde diferentes ángulos y estrategias los organismos y lugares que pueden construir nuevos acercamientos, impidiendo enriquecer los debates, pero más peligroso aun, creando escenarios de impunidad para los responsables de atrocidades en el conflicto armado mientras son legitimados desde el aparataje nacionalista. 

LA PERMANENCIA INDEFINIDA EN EL PODER

El fascismo afianza las tradiciones que le permiten mantenerse en el poder, y las valora como realidades eternas de la patria. Esta idea tiene una posible relación con el proyecto hegemónico del uribismo. Para tal efecto, moviliza todo lo que esté a su alcance, y no simplemente las relativas condiciones del juego democrático. Ya lo dijo el líder en diciembre de 2019: “No vamos a permitir que la izquierda suba al poder en Colombia”. Esto apunta a una valoración imaginaria de que lo que ha sido configurado en el pasado como inconmovible que van desde lo que se concibe como: patria, ejército, familia, patriarcado, religión, moral, economía tradicional, política internacional agresiva con los vecinos, y alianza subordinada con el gobierno de Donald Trump, entre otras formas de acción propias.

Es la fuerza de la tradición, como un aspecto fundamental de la consolidación y exaltación del poder caudillista y conservador. Las novedades históricas, como las liberaciones femeninas, los reconocimientos a los ciudadanos y movimientos LGBTIQ+ (recordemos las fábulas mentirosas del exprocurador Ordóñez sobre la ideología de género, utilizadas para torpedear el proceso de paz), las formas críticas de arte (no olvidemos los murales sobre falsos positivos que fueron borrados en Bogotá, por orden del ejército), las nuevas fuerzas políticas de indígenas o afros, los movimientos juveniles o espontaneidades en la red, que movilizan a los ciudadanos -entre ellas las jornadas de paro a finales de 2019-, generan una gran desconfianza en las mentalidades conservadoras. En ese empeño, el uribismo ha desplegado varias iniciativas: 

Busca que los militares voten, y continúa con campañas desde las redes sociales, para desprestigiar a la oposición y a la prensa independiente, proceso que suponemos, se va a acentuar. De otra parte, la alianza de Duque y Vargas Lleras, para ganar gobernabilidad, se dirigió hacia la elección presidencial del 2018;  un eslabón de ese proyecto, podría ser la reforma de la justicia, a la que habría que temerle, porque la produce mucho más defectos a la ya socavada justicia colombiana atravesada por la corrupción, pero más temible es la pretensión de acabar con ciertas cortes, y ello con el fin presumiblemente de concentrar más poder en el Ejecutivo, con lo cual nos acercaríamos un poco más al fascismo. La independencia de los tres poderes de lo público es teóricamente uno de los pilares de la democracia. Pero los fiscales hoy son fundamentalmente personajes que no tienen independencia, y se adhieren a los dictados soterrados de la presidencia y de las elites. Esta dependencia de los poderes en relación con el poder ejecutivo, mina la democracia. La influencia económica de multinacionales como Odebrecht, que dio dinero a las últimas campañas presidenciales, ha sido soslayada en parte por el fiscal Martínez, que tenía conflictos de interés en esa investigación.  Y el nuevo Fiscal, ha demostrado su total afinidad con el presidente, con lo cual, podemos asegurar que no se avanzará en el esclarecimiento de casos judiciales que afecten al Centro Democrático o al presidente (16). 

CONCLUSIONES

Estas consideraciones que hemos presentado tienen la intención de aproximar la ideología del Centro Democrático hacia rasgos fascistas. Son una advertencia, para seguir luchando desde nuestros lugares ciudadanos, desde la academia y el estudio de la historia del país. Y ante la precariedad de la democracia en las instituciones representativas, compete al ciudadano expresarse y exigir en la calle. Lo demuestran las manifestaciones recientes en América Latina contra regímenes autoritarios o que han recortado las libertades democráticas. 

Esto último, es fundamental para entender también la posibilidad del surgimiento del fascismo de asentarse no solamente en el poder, sino en las relaciones sociales cotidianas. El hecho de que ciertas prácticas y conductas terminan por operar sobre la cotidianidad y facilitan la aceptación del ascenso del fascismo, es un factor de particular importancia para entender la necesidad de las acciones ciudadanas y comunitarias llevadas a cabo día a día. 

Se debe comprender la necesidad de las diferencias en el encuentro ciudadano. La homogeneización de las conductas, fortalecida en los tiempos actuales con la uniformidad que las estéticas e imágenes que consumen las personas diariamente potencian, es un territorio fértil para que los acontecimientos, y su capacidad de iluminar la historia, no puedan salir aparecer en la superficie de la esfera pública. Tal homogeneización facilita la posibilidad fascista de arrojar a los seres humanos en masa a unos sobre otros, por la facilidad en su manipulación y superficialidad, y esto es acelerado en situaciones en que los individuos atraviesan por experiencias de soledad sistemática, operadas por sus estructuras sociales. La separación del individuo del mundo y de los otros profundiza las condiciones en las cuales el fascismo se erige. 

Escenarios de polarización profunda también abren los espacios de permisión, pues en condiciones fascistas es común ver que personas apoyen la persecusión política y ejecución  de otras personas cercanas a ellas (vecinos, conocidos, amigos y familiares). El escenario de polarización entabla hilos discursivos y simbólicos que afectan y proveen el rechazo, criminalización, y por momentos, la deshumanización de otros seres humanos.

Así las cosas, evitar la instauración del fascismo en Colombia requiere que las personas se reconozcan a sí mismas como agentes y actores dentro de un escenario histórico, que comprendan sus diferencias y que a través de ellas puedan debatir y dialogar, que sus encuentros e intercambios se tornen en experiencias de democracia directa, y a veces, radical.

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS

  1. Remitimos a la conferencia “Crisis global de la democracia”, de Manuel Castellls. https://www.youtube.com/watch?v=q9blcS9bxO0
  2.  Noro, Pedro Raúl. “Acerca del fascismo en particular y los totalitarismos en general. Documento mimeografado”. 1999.
  3. Precisamos, en referencia al individualismo original del liberalismo clásico, que en los aportes teóricos actuales, surge una idea que matiza dicho individualismo, en miras a promover la participación ciudadana solidaria y colectiva, frente a la idea neoliberal, hoy en boga en ciertos países, de un individualismo acendrado: “Norberto Bobbio afirma que la tradición liberal busca «ensanchar cada vez más la esfera de las acciones no impedidas» y restringir «la injerencia del poder público» al mínimo. La tradición democrática, por el contrario, «tiende a aumentar el número de acciones reguladas mediante procesos de autorreglamentación» y a hacer «más numerosos los órganos de autogobierno». La rivalidad entre liberales y demócratas no es otra cosa, entonces, que el enfrentamiento entre una tradición que postula que el Estado debe gobernar lo menos posible, ya que la “verdadera libertad” consiste en no verse obstaculizado por el exceso de leyes o el abuso arbitrario del poder, y otra tradición que postula que los miembros de un Estado deben gobernarse a sí mismos y participar directamente en la dirección política en una sociedad compacta”. La cita es de Liliana María López Lopera. En Las ataduras de la libertad. EAFIT. Medellín. 2007. Pg. 85
  4.  Remitimos al libro de Gonzalo Sánchez y Donny Merttens, que ilustran esta situación: Bandoleros gamonales y campesinos. Ancora. IEPRI. Bogotá. 
  5.  “Los clanes políticos que mandan en Colombia” León Valencia Agudelo - Grupo Planeta - Colombia, 2020
  6.  Un ejemplo, entre muchos otros, fue la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, en la República Dominicana. La novela La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa lo ilustra, combinando historia con ficción. En el libro Cine latinoamericano, literatura cultura y sociedad, Guillermo Pérez analiza esa novela y la relaciona parcialmente con la historia de ese país. 
  7.  Ernesto Samper, no pudo gobernar debido a que su mandato era ilegítimo, al ser financiada su elección por los hermanos Rodríguez Orejuela, líderes del Cartel de Cali. Y Andrés Pastrana obtuvo la presidencia bajo la promesa apresurada e inmadura de ofrecer un proceso de paz que fracasó, bajo el signo de la improvisación. En la década creció el narcotráfico y el paramilitarismo, así como el terrorismo del Estado y de los grupos guerrilleros. 
  8.  Su primo Mario Uribe fue condenado por paramilitarismo, y no valió la gestión de Uribe como presidente para torpedear ese proceso (caso Tasmania), y su hermano es todavía juzgado por formar el grupo paramilitar llamado “El clan de los 12 apóstoles”. De las declaraciones de Carlos Castaño en su libro de Mi confesión, se infiere que los paramilitares ayudaron para la elección de Uribe como presidente. 
  9. Solo un ejemplo es el caso de Daniel Coronell quien es conocido por sus posiciones frente a la actualidad colombiana y mundial. Sus escritos han criticado al gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez y a los líderes paramilitares. En agosto de 2005, se exilió en Estados Unidos, junto con su esposa, la también periodista María Cristina Uribe y su hija. Coronell había recibido amenazas de muerte mediante llamadas telefónicas, coronas fúnebres y correos electrónicos. Según las investigaciones del propio Coronell,11​ confirmadas por las autoridades, el excongresista Carlos Náder Simmonds, quien reside en España y es mencionado por Fernando Garavito en su biografía no autorizada de Álvaro Uribe como muy cercano al expresidente de Colombia,​ estuvo al parecer detrás de las amenazas electrónicas contra Coronell. En su defensa ante la prensa, Náder dijo que muchas personas usaban su computadora, incluyendo los hijos del presidente Uribe.Náder estuvo en prisión en Estados Unidos por tráfico de drogas y nunca fue enjuiciado por las amenazas
  10.  Remitimos el libro “ChuzaDAS” - Julián Martínez
  11.  Aunque antes también buscó acuerdos con las Farc como presidente, pero en el gobierno de Santos, quería ser él quien determinara tal acuerdo. Y esto generó un duro enfrentamiento con aquel, del cual Uribe sacó partido mintiendo en las redes para lograr minar el acuerdo y para elegir posteriormente a Duque. “Santos: Paradojas de la paz y del poder” de María Jimena Duzán
  12.  Las cooperativas de vigilancia y seguridad privada para la defensa agraria o Servicios Comunitarios de Vigilancia y Seguridad Privada, mayormente conocidas como Convivir, fueron empresas creadas con el objetivo de prestar servicios de vigilancia y seguridad privada en forma remunerada a una comunidad. Surgieron como una respuesta del Estado colombiano para dotar de un nuevo marco legal a la defensa que los terratenientes venían haciendo de sus propias tierras, ante la amenaza de los grupos guerrilleros que el Estado colombiano no lograba combatir eficazmente.
  13.  Escándalo que destapó en enero de 2020, la Revista Semana.
  14.  El CD promovió espionajes de hackers y del ejército, sobre el proceso de paz, y allí se evidenció  la gestión de Oscar Iván Zuluaga, quien también, al recibir dinero de Odebrecht, frustró su ambición de ser presidente  de Colombia promovido por Uribe. 
  15.  Ver nexos entre importantes personalidades de los altos mandos y José Hernandez Aponte: https://www.cablenoticias.tv/nacionales/coronel-del-programa-alerta-aeropuerto-tambien-posa-en-fotos-con-nene-hernandez/ 
  16. Ver escandalo de la Ñeñe Política con  el Centro Democrático:  https://www.eltiempo.com/unidad-investigativa/quien-era-jose-guillermo-nene-hernandez-376162 

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