El trasfondo hermenéutico de la exclusión racial

La exclusión racial siempre ha estado presente a lo largo de la historia no solo en el mundo occidental sino en todas las civilizaciones, un ejemplo de ello; es como en la cultura hebrea Dios o Yahvé le prohíbe a su pueblo escogido mezclarse con gentes de otras culturas por considerarlas impías, y también le exige combatir contra éstas para tomar posesión de la tierra prometida. 

Yavé, tu Dios, te introducirá en la tierra a dónde vas y que pasará a ser tuya; arrojará delante de ti a muchos pueblos, al heteo y al guergaseo, al amorreo y al cananeo, al fereceo, al jeveo y al jebuseo, siete naciones mucho más numerosas y poderosas que tú. Cuando las entregue en tus manos y tú las derrotes, los exterminarás según la ley del anatema. No harás alianza con ellas ni les tendrás compasión no te emparentarás con ellas, dando tus hijas a sus hijos, ni tomando sus hijas para tus hijos, porque seducirían a tus hijos para que me abandonen y adoren a dioses extranjeros, con lo que la ira de Yavé se encendería contra ustedes y luego los eliminaría. Por el contrario, esto es lo que deben hacer: derriben sus altares y hagan pedazos las imágenes, arrasen sus bosques sagrados y quemen sus ídolos. Eres un pueblo consagrado a Yavé, tu Dios. Yavé te ha elegido de entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra, para que seas su propio pueblo. (Dt, 7: 1-6) 

Igualmente, para los antiguos griegos y para el imperio romano, los pueblos galos o celtas provenientes del norte de Europa, eran considerados poco inteligentes y por esta misma razón, seres inferiores, de tal modo que fueron llamados peyorativamente pueblos bárbaros a los cuales sometieron y subordinaron por largo tiempo. Ahora bien, las civilizaciones del continente americano no estuvieron exentas a este fenómeno. Desde la época de la conquista con la llegada de Cristóbal Colón, los pueblos aborígenes fueron sometidos, reprimidos y diezmados violentamente, lo mismo sucedió con los pueblos del continente africano, de los cuales muchos de sus pobladores fueron traídos por los españoles, ingleses y portugueses a América en calidad de esclavos. 

¿Pero cuál podría ser una de las razones del origen de esta exclusión racial? Para dar respuesta en alguna medida a esta pregunta, es necesario recurrir al lente hermenéutico que trata de describir lo que significa la carga interpretativa de lo otro, lo ajeno o lo nuevo. Según Hans-Georg Gadamer1, (1977) detrás de toda interpretación está la historicidad, la tradición y el lenguaje que nos constituye como seres humanos, toda vez que desde estos elementos juzgamos lo que se nos presenta a la mano o lo que podemos percibir apriorísticamente. 

En realidad no es la historia la que nos pertenece, sino que somos nosotros los que pertenecemos a ella. Mucho antes de que nosotros nos comprendamos a nosotros mismos en la reflexión, nos estamos comprendiendo ya de manera autoevidente en la familia, la sociedad y el estado en que vivimos. La lente de la subjetividad es un espejo deformante. La autoreflexión del individuo no es más que una chispa en la corriente cerrada de la vida histórica. Por eso los prejuicios de un individuo son, mucho más que sus juicios, la realidad histórica de su ser. (Gadamer, 1977, p. 344) 

En este sentido queda claro que toda vivencia no es algo primario ni anterior al acontecer histórico; por el contrario, las vivencias le pertenecen a la historia y por ende, ella condiciona todo acto de comprensión e interpretación. Esto reafirma que toda comprensión es eminentemente histórica. De igual manera, los conquistadores españoles, desde sus propias tradiciones, su lenguaje, su religión, su contexto histórico y su cultura heredada, interpretaron y describieron el entorno natural y los habitantes de lo que se conoce hoy como la América hispana, así, por un lado, las cosmovisiones, las tradiciones y la cultura de los pueblos indígenas fue juzgada con el mismo racero de la religión católica que profesaban y sus preceptos morales, hecho que produjo la eliminación de gran parte de la cultura, entre ella su lengua natal y sus conocimientos ancestrales. Sin ir más lejos, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdes2 en una de sus crónicas ilustra lo siguiente: 

Son estos indios caribes, flecheros y comen carne humana (...) Son idólatras estos indios, como en todas las indias de estas partes. Son sodomitas abominables; y súpose esto, a la sazón, por conjeturas, y después, con el tiempo, por muy cierto. Porque entre piezas de oro labrado que se hubo allí en Santa Marta, y que huyendo los indios a la sierra, lo dejaban escondido por el campo, en las sabanas y otras partes, se halló una pieza de oro de veinte quilates, o más, que podía pesar hasta veinte y cinco pesos, que era un hombre sobre otro (...) la cual pieza, yo por mis manos la quebré después encima de un yunque con un martillo, en la casa de la fundación real en el Darién. (Oviedo, 1514, p, 21) 

Esta manera de describir las creencias de los indígenas desde su propia cultura, en parte para Oviedo, justificaba la violencia y el dominio infringido sobre ellos, debido a que la antropofagia, la sodomía, entre otras prácticas eran o son todavía actos condenables para la religión cristiana, así que estas valoraciones pasaron a ser un instrumento no solo para adoctrinar a los indígenas y abolir sus costumbres, sino ante todo fueron un pretexto de contención social y dominación. 

Por otra parte, el contexto histórico de Europa occidental, perteneciente a los siglos XV y XVI, época del arribo de Cristóbal Colón y la conquista española, se caracterizó como el advenimiento de la modernidad, toda vez que comenzó a producirse un avance científico y tecnológico en todos los ámbitos sociales en donde especialmente se revolucionó el pensamiento del hombre europeo y su visión acerca del mundo, de tal manera que surge la filosofía del antropocentrismo y su afán por el dominio de la naturaleza con fines utilitaristas, sumándose a esto, el avance tecnológico del transporte marítimo que facilitó y promovió la expansión territorial y con ello la sed de explotación de los recursos naturales de las nuevas tierras, incluyéndose entre estos bienes y riquezas, también la explotación de los nativos americanos. 

La percepción de Colón de la aparición de la tierra entre las aguas, al igual que más tarde su mirada sobre los otros, no fue sencillamente la constatación de un estado de cosas. Además, es importante señalar que la percepción del país, así como de los hombres, surgió como realización de diversas proyecciones culturales y sirvió luego como base para las más diversas proyecciones de metas. El país y los hombres ya eran un fin y medio antes de que se estableciera una instrumentalización concreta. (Rauscher, 2000, p, 47) 

Más tarde en la época colonial, tanto la cultura española como la indígena y la africana ya se habían entremezclado, derivándose de ello el mestizaje y la aculturación. Sin embargo, aunque los indígenas y los afrodescendientes ya estaban adoctrinados en la fe cristiana y adaptados a la cultura española, paradójicamente para esta época se agudizó la discriminación racial justificada bajo la consigna del linaje y la limpieza de sangre, emergiendo así una clasificación de razas y colores, entre ellas, los denominados negros, mulatos, indígenas, pardos, mestizos, criollos o españoles nacidos en América, estos últimos, a excepción de los demás grupos raciales tenían ciertos privilegios. 

Existía en los criollos un afán por las distinciones sociales que se establecían en los títulos de hidalguía de nobleza que eran comprados a la Corona, lo mismo que los cargos honoríficos o el acceso a las órdenes militares. De esta manera, en casi todas las ciudades se reconocía la preeminencia social de quien se atribuyera el puesto honorífico de alférez real o de alguacil mayor. En ocasiones esta distinción se asociaba a la ascendencia pues se contaba entre sus antepasados con algún notable conquistador. El poder político se perpetuaba a través de linajes y de clanes reforzados con alianzas matrimoniales. Los negocios, las tierras, las minas, eran objeto de previsiones familiares en cartas de dote testamentos donaciones y contratos de todo tipo. (MEN, 2010, p.15) 

Por consiguiente, esta categorización social y racial trajo nuevamente la desigualdad social. Luego más tarde en los albores de la época republicana, con el auge de la ilustración, el racionalismo y las ideas liberales centradas en la libertad, igualdad y fraternidad, la sociedad colonial de la América hispana continuaba manteniendo vivas las prácticas de su organización social, particularmente, seguía vigente el modelo político de la monarquía y paralelamente en el ámbito económico regía el modelo casi feudal perteneciente al  medioevo, así que la tenencia de los bienes incluyendo las grandes extensiones de tierra permanecen principalmente en manos de los criollos y españoles, por su parte, tanto los indígenas como los afrodescendientes eran explotados, expropiados y excluidos socialmente. 

Aunque vale aclarar que si la sociedad de la naciente república, hubiera acogido de manera inmediata los principios del liberalismo y las nociones ideológicas de la época ilustrada del mundo occidental, desde ya, se hubiese aumentado la exclusión racial y con ella la desigualdad, dado que las ideas derivadas de la teoría social del liberalismo, entre ellas el libre pensamiento, el individualismo y el libre comercio ligado al modelo económico capitalista, hoy evidencian que los bienes materiales tanto inmateriales como la educación, la cultura y la tecnología, son asequibles a unos pocos, mientras la mayoría viven en condiciones de marginalidad. 

Por lo anterior, se puede deducir que la exclusión racial entre los diferentes pueblos, es una manifestación que está ligada a la cultura heredada, el contexto histórico, político, económico y social de cada época a la que se pertenece, la cual influye notablemente en nuestra manera de percibir a las otras expresiones culturales. No obstante, estas manifestaciones excluyentes y a su vez reprochables, no se pueden justificar porque si bien, algo de la cultura permanece en el tiempo, también la cultura está sujeta a transformarse. 

Reafirmando lo anterior, la hermenéutica gadameriana, si bien considera que la pertenencia a la historia y a la tradición, permite conocer el pasado, por otro lado aborda cómo la distancia en el tiempo separa y aleja parcialmente la comprensión de los otros, quizás por no ofrecer criterios seguros acerca de lo que se quiere comprender. Pero principalmente este obstáculo, es el que posibilita distinguir entre los prejuicios falsos y verdaderos para lograr una adecuada comprensión de lo ajeno con significados distintos y distantes al tiempo vigente, dado que se inicia también una confrontación de los conocimientos, valores, prácticas y prejuicios pertenecientes a la propia situación del interprete. Simultáneamente a esta confrontación, surge también una evaluación y reflexión donde finalmente se puede recuperar, o por el contrario, sustituir o desechar dichas nociones. 

Es decir que las tradiciones van transformándose a la par del devenir histórico, es así como hoy algunas prácticas heredadas vienen siendo objeto de reflexión y por lo mismo se han ido paulatinamente abandonando. Por ejemplo; actualmente se están revaluando las corridas de toros no sólo en Colombia, sino en otros países donde esta práctica hace parte de su acervo cultural, de manera tal que se ha venido gestionando una nueva ley que la prohíba al ser vista como una expresión cultural que va en detrimento del respeto por la vida animal. 

Igualmente, comportamientos y actitudes heredadas como el machismo o la homofobia, también hoy son objeto de reflexión. De aquí la importancia de una educación que se cuestione las prácticas y los comportamientos que van en contra de la dignidad y el respeto por los otros. Ahora, vale resaltar que esta responsabilidad no solamente recae en la educación formal, ya que la crianza familiar resulta ser la base más importante de la formación de los futuros hombres y mujeres. 

En este sentido, desde la educación impartida en el hogar y desde pequeñas acciones pero significativas, se puede empezar a transformar estos comportamientos reprochables que generacionalmente se han ido naturalizando, y así, a partir de estos cambios, la sociedad en general, en alguna medida, logre cultivar el respeto y la tolerancia a pesar de las diferencias y los desacuerdos frente a la diversidad cultural. No obstante, tratar de comprender y reconocer a los otros, no significa estar siempre de acuerdo en todo sin tener una posición crítica frente a aquellas cosas que son opuestas a nuestros convicciones, incluso el mismo Gadamer advierte lo siguiente: 

E Igualmente "escuchar al otro" no significa simplemente realizar a ciegas lo que quiera el otro. Al que es así se llama sumiso. La apertura al otro implica, pues, el reconocimiento de que debo estar dispuesto a dejar valer en mí algo contra mí aunque no haya ningún otro que lo vaya a ser valer contra mí” (Gadamer, 2001, p.438) 

Finalmente, así como se requiere reevaluar las tradiciones heredadas con las que interpretamos a nuestros semejantes, también es necesario reflexionar críticamente todo aquello que nos interpela, pero aun así, este mismo acto de reflexión irremediablemente tampoco puede liberarse de la subjetividad propia del interpretante, ni tampoco se puede abarcar totalmente o comprender lo otro. Sin embargo, lo que sí es ineludible por encima de todo, es el respeto por la vida y por la dignidad humana.


 1 Hans Georg Gadamer, Filólogo y filósofo alemán que toma algunas fundamentaciones hermenéuticas y filosóficas de Dilthey y Heidegger, para abordar el tema de la comprensión, no ya desde una posición eminentemente metódica y normativa, sino más bien desde la lente ontológica o la comprensión del ser, la experiencia humana y el mundo de la vida, mediada especialmente por el lenguaje, la historicidad y la tradición, elementos desde los cuales se interpreta todo texto.

2 Gonzalo Fernández de Oviedo, fue uno de los primeros cronistas que describió algunos hechos acaecidos en la américa recién descubierta por Cristóbal Colón, en su obra Historia general y natural de las Indias, Islas y tierra firme del Mar Océano.

Bibliografía

Biblia Católica. Recuperado de: https://www.bibliacatolica.com.br/biblia- latinoamericana/deuteronomio/7/ 

Castañeda F. (2000). Memorias del IV Coloquio Colombo-Alemán: Concepciones de la Conquista. Aproximaciones Interdisciplinarias. Universidad de los Andes. Bogotá Colombia. 

Gadamer H (2001) Verdad y Método I. Salamanca: Sígueme 

_________(1997) Verdad y Método II. Salamanca: Sígueme 

Instituto Distrital de las Artes IDARTES. (2017). Maravillas y Horrores de la Conquista. Editorial: Libro al Viento. Alcaldía Mayor de Bogotá. 

Ministerio de Educación Nacional. (2010). Castas y Mujeres y la Sociedad de la Independencia. Revolución Educativa Colombia Aprende.

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