Desmoronarse hasta encontrar lo vivo

(ensayo poético)

 "El secreto, por lo demás, no vale lo que valen los caminos que me condujeron a él. Esos caminos hay que andarlos"

(Jorge LuIs Borges, 1974) 

Hay encierros dentro de otros encierros, portales dentro de los encierros y caminos múltiples llevando siempre al mismo cuerpo. El cuerpo antes ‘encierro’ de un alma, es hoy la morada exacta y su pulso la propia vida. Dentro de una misma casa hay cajones, armarios, hay cuerpos que se buscan y otras veces se escapan, a veces las memorias saltan como grillos en las noches y no dejan dormir, la ventana o la efímera salida no se alejan del encierro. A veces el encierro ya se creció tanto adentro que sólo cabe (por una pequeña grieta) cerrar los ojos, mirarse y preguntarse.

Múltiples recetas, ‘prácticas’ prestadas para hacer sentir mejor no alcanzan. Una casa es un cosmos, como lo es también un mismo cuerpo, en ella habitan sentires, imagenes, vidas, afectos, violencias, deseos, sueños, miedos, juegos, rituales, susurros, gritos. El cuidado sólo puede surgir partiendo del tránsito adentro. Si algo nos regala el tiempo del encierro es dejar de aplazar lo inaplazable, si no nos soportamos adentro crece un agujero hondo que no ha sido escuchado, una incapacidad de estar consigo mismo y mucho menos con el otro cercano ¿Y entonces? La urgencia de reconocer y agenciar otras maneras de ser y estar nos convoca a revisar la micropolítica en lo cotidiano dentro de cada casa y cada cuerpo, debemos descolonizar la conciencia propia, necesitamos hacer que florezcan espacios de libertad en donde habitamos y en el territorio mismo que somos, el ‘interlocutor’ Estado, a veces plantado como un enemigo lejano hace difícil ver el desarraigo mismo en el centro de lo que somos. Seguirá siendo necesario siempre agenciar desde lo macro, pero, las grietas no pueden des-oirse en el encierro, camino por las mismas paredes y entonces puedo detenerme en las grietas en aquella esquina de mi cuarto que tapé con un mueble apenas querido, a fuerza de transitar lo mismo puedo repasar la cartografía de lo que me contiene y ahí darme cuenta de lo necesario que es agenciar, desde mis propias prácticas diarias y mi cotidianidad, otras maneras que me permitan surgir desde mi vitalidad. ¿Cómo cuido de mi vida? ¿Cómo nos cuidamos? Urge volver hacia una política de los afectos y del cuidado y descubrir en nuestras estructuras mentales aquello que en nuestro encierro mismo nos enfrasca en unas maneras de concebir el mundo, de desconfiar de nosotros y ‘lo otro’, de tomar a lo ligero cualquier relación, palabra, práctica e imagen.

Nuestro cuerpo es atravesado por fuerzas internas, temblores y convulsiones, es desde nuestra vitalidad, aquello que activa nuestro cuerpo, que se resiste a lo que Suely Rolnik llama  “inconsciente colonial”, un conglomerado de fuerzas represoras y dominantes -presentes a lo largo de  la historia del occidente moderno, desde el siglo XV hasta los días actuales.- (Rolnik, S. 2013) que impiden la activación de nuestras fuerzas creativas y la vivencia de nuestras huellas personales. 

Es necesario (...) resistir al régimen dominante en nosotros mismos–, lo cual no cae del cielo ni se encuentra listo en alguna tierra prometida. Al contrario, es un territorio al cual debe conquistárselo y construírselo incansablemente en cada existencia humana que compone una sociedad (Rolnik,S. 2019, pp 31) 

 No podemos coger prestadas ‘limpias’, ‘recetas’, ‘prácticas’ de sanación, porque cada una está situada en un territorio y un cuerpo que a través de un proceso pudo vivenciarla y agenciarla; es necesario contactar con aquello manifiesto en mi territorio presente y eso implica necesariamente atravesar un proceso. Puedo aprender de otros territorios, cuerpos y saberes a cómo descubrir mis propias prácticas y saberes, más eso me devolverá siempre a la necesidad de reconocer el espacio en que habito, las acciones que reproduzco o creo. ¿Por qué es necesario descolonizar nuestro pensamiento? Porque adentro vivimos con el opresor, si no me reviso por dentro no puedo deshierbar mi propio cosmos y ver qué siembra puedo realizar adentro y afuera, con otros. Este espacio tan “mío” está atravesado por múltiples fuerzas exteriores, al reconocerlo y activarlo, habito el primer lugar de resistencia.

Palabras fáciles, reacciones rápidas, miradas sin detenimiento
lengua entrecortada
enredada
agujeros infernales
memorias sueños recuerdos
pulsiones disparos
vibraciones y visitas cósmicas
hacia adentro de la rendija, fugarse
hasta volver a verse
saber

Cuidar de mí me permite entender cómo cuidar de un microcosmos, mi cuerpo es el mapa del dolor que he vivido, pero también es el mapa de cómo sanar, Suely Rolnik se refiere a este sentir-reconocer como “saber-del-cuerpo” o “saber-de-lo-vivo”. En mi cuerpo está todo mi sistema, en mí se han agitado múltiples fuerzas, aquellas que han agitado el mundo se han movilizado en mi como vida. En mi habitan los dramas y necesidades de mí mismo sistema, en la crisis puedo abrir estos sentires, ebullen y me encuentran con huellas que con mi mismo tacto y movimiento puedo saber cómo arrullar, integrar y sanar.

Suely Rolnik (2002)dice también que la subjetividad es un laboratorio vivo donde se crean universos y otros se disuelven, partiendo de ahí ¿Cuáles son las imágenes que me brotan hasta por la espalda? ¿Cuáles son mis sonidos? Mi sonido de éxtasis, mi sonido de agotamiento profundo, de rabia digna, de alegría tranquila, ¿Cuál es mi sonido de simple gusto? ¿Cuáles son mis movimientos rutinarios? ¿Cuáles nuevos descubro cada día? ¿Por qué me nace sentarme en la misma esquina? ¿Cómo toco lo que toco? ¿Cómo abrazo la ausencia? ¿Cómo estoy presente? ¿Cómo me habla la lluvia que cae y ya no me moja?, o el viento escaso, la luz que entra, la sombra continua, los ojos que miro, los ojos que soy. ¿Cómo huele mi casa? ¿A qué mugres me acostumbro?, ¿Qué veo en el pelo que se me cae a diario, en el piso, en el baño, las montañas lejanas, los ladridos, las voces? Las pantallas ventanas, pantallas virtuales, pantallas mentales, pantallas físicas. ¿Donde veo el fuego?, ¿Que me gusta cocinar y por qué me canso de lo mismo? 

La pregunta preñada de múltiples otras me crea un laboratorio abierto donde puedo reconocer más a fondo. Es necesario abrir espacio para escuchar y tocar, en el encierro mismo brota la lengua rota y se hace vital ir al espacio primario, así puedo dejar de negar mis contradicciones y verlas de frente, nombrar con más sinceridad. Silvia Rivera Cusicanqui en Ch´ixinakax utxiwa: una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores dice “Nos cuesta hablar, conectar nuestro lenguaje público con el lenguaje privado. Nos cuesta decir lo que pensamos y hacernos conscientes de este trasfondo pulsional, de conflictos y vergüenzas inconscientes.” Estamos repletos de cosas que no dicen nada, habrá que aprender a hablar y escuchar de nuevo. Por eso ahora, en estos tiempos en que reconocemos tan de frente que somos nuestro territorio es vital, como también recalca Silvia Rivera Cusicanqui, forjar pensamiento en lo cotidiano. 

Volviendo a Suely Rolnik,  en el texto de su conversatorio ¿El arte cura?, en el que analiza el trabajo de Lygia Clark (artista brasileña), habla de que la cura, según el psicoanalista  D.W. Winnicott, no tiene que ver con la “salud psíquica” en correspondencia con “un proceso equilibrado de identificaciones del ego con imágenes de los personajes que componen el mapa oficial del medio”. La salud psíquica real no debe ser demarcada por unos códigos externos que necesitan la eficacia de un sujeto más que su vitalidad despierta.

En contraste con ello, la cura tiene que ver con la afirmación de la vida como fuerza creadora, con su potencia de expansión, lo que depende de un modo estético de aprehensión del mundo. Tiene que ver con la experiencia de participar en la construcción de la existencia, lo que —según el psicoanalista inglés— da sentido al hecho de vivir y promueve el sentimiento de que la vida vale la pena ser vivida. Se trata de lo contrario de una relación de complacencia sumisa, marcada por una disociación de las sensaciones y por la desactivación de la ensoñación, pues tal relación acaba promoviendo un sentimiento de futilidad asociado a la idea de que nada tiene importancia. (Rolnik, S. 2001)

Hay un lugar rugoso
pliegues entreabiertos que me esconden
porque me da miedo aceptar
la inseguridad temblando
de no saber nacer
de pensar que mi brillo es opaco
que no puedo tocar otras manos de verdad
porque no existo
de que mis palabras no se oyen
porque en verdad no estoy diciendo nada

Si no hay nadie cerca, entrecruzar las propias manos, palparse entera, redescubrirse y encontrarse, con la mordida de serpiente, con el espejo hecho noche, con el odio y la pereza y empezar de nuevo.

Voy cagándome de miedo, buscando lugares acuevados. No quiero saber, no quiero ser vista. Mi resistencia, el negarme a reconocer cierta verdad sobre mí misma trae consigo esa parálisis, esa depresión -trae el estado Coatlicue-. Al principio me siento expuesta y abierta a la profundidad de mi insatisfacción. Luego siento cómo me cierro, me voy escondiendo, manteniendo mis partes unidas en vez de permitirme desmoronarme. (...) Tras la máscara de hielo veo mis propios ojos. No desean mirarme. Miro que estoy encabronada, miro la resistencia -me resisto a saber, a dejarme ir, a ese océano profundo donde una vez me sumergí en la muerte-. Me da miedo ahogarme. (...) Cada incremento de consciencia, cada paso adelante es una travesía, un cruce. Vuelvo a ser una extraña en territorio nuevo. Una y otra vez. Pero si huyo de la conciencia consciente, si me escapo del saber,no me moveré. El conocimiento me hace más consciente, me hace más lúcida. Saber es doloroso porque después de que se produzca no puedo quedarme en el mismo sitio como si tal cosa. Ya no soy la misma persona que era antes. (Anzaldua, G. pp 98,99)

En la soledad abierta, abiertas las puertas de par en par: encontrar el mundo, volver a la pregunta siempre para hacer consciente. Hacer el cruce necesario dentro de la propia morada, preguntarme por la manera de hacerme un lugar, cómo moldeo mi espacio, cómo plasmo mi presencia, sólo reconociendo cómo hago un lugar puedo defenderlo, de la defensa del propio cuerpo podemos partir a la defensa de los territorios. Resguardo aquellos gestos olvidados que me han hablado en medio de la confusión, en el agite del mundo escucho, para así poder reconocer las conexiones y afecciones que me atraviesan.

La pregunta por el territorio que construyo muestra la necesidad de una presencia activa y permeable, poder abrir dentro de nosotros espacios de indagación de esos mundos heredados y esos mundos por venir. Si la violencia ha generado fuertes trazos y el desarraigo es parte de una historia común, es vital vivenciar el arraigo desde estos ‘saberes del cuerpo’, encontrar las texturas que me revierten y rehacer. Sólo así es posible pasar de una mirada autocentrada a una dispuesta, generando configuraciones de lo político  a partir de la reconstrucción de los tejidos primarios, primero en mi cuerpo-mi territorio e ir expandiendo el camino.

Es un parto a secas, un parto de nalgas, un nacimiento entre gritos, que lucha contra ella a cada paso. Solo cuando llega al otro lado y se rompe la concha y se levanta la tapa de sus ojos, ve las cosas desde una perspectiva diferente. Es solo entonces cuando ella establece las conexiones, cuando formula sus intuiciones. Es solo entonces cuando su conciencia se expande tantito, aparece otro cascabel en la cola de la serpiente y ese peso añadido altera ligeramente los sonidos que ella crea. De repente se eleva la energía reprimida, toma decisiones, conecta con la energía consciente y una nueva vida empieza. (Anzaldua, G. pp 99)

Cuando me reconstruya en la mañana, encontraré la necesaria certeza de ser un espacio palpitante,  de abrir lo necesario, y desde ahí, bien adentro, revisar la lucha hacia afuera teniendo refugio donde escampar, más no para seguir cerrando, si para no olvidar lo pequeño. Mientras se levanten claridades y fuerzas, entre la grieta que había olvidado en la esquina detrás del mueble, me encontraré otra vez encerrada y en el desintegro mismo, nada más que otra vez, volver a empezar.

No se trata de tal o cual lugar sobre la tierra, ni de tal o cual momento en la historia y aún menos de tal o cual categoría en el espíritu. Se trata del modelo que no cesa de erigirse y de desmoronarse, y del proceso que no cesa de alargarse, romperse y recomenzar. (Deleuze, Guattari, 2010.  pp 25)

BIBLIOGRAFÍA

Anzaldúa, G. (2016). Borderlands/ La frontera. The New Mestiza. Madrid: Capital Swings.

Deleuze, G., Guattari, F., & Vázquez Pérez José. (2010). Mil mesetas. Valencia: Pre-Textos.

Rivera Cusicanqui, S. (2010) Ch'ixinakax utxiwa: una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores (1a ed).  Buenos Aires : Tinta Limón.

Rolnik, S. (2013). Guattari no cesa de proliferar. Fractal, XVIII(69). Retrieved from https://www.mxfractal.org/RevistaFractal69SuelyRolnik.htm

Rolnik, S. (2019). Esferas de la insurrección (1st ed.). Buenos Aires: Tinta Limón.

Rolnik, S. (2002). El ocaso de la víctima: la creación se libra del rufián y se reencuentra con la resistencia. Ponencia presentada en São Paulo S.A. Situação #1 COPAN, São Paulo, Brasil, 23-27 de noviembre.

Rolnik, S. (2001). ¿El arte cura?. Conferencia presentada en el MACBA, en febrero. Texto disponible en: http://www.medicinayarte.com/img/rolnik_arte_cura.pdf

Vicuña, C. (2002). Instan. Berkeley, Calif.: Kelsey St. Press.

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