Reseña: Slowdive/Slowdive

 

"(…) las viejas estructuras parecen permanecer intocadas por la introducción de nuevos elementos, lo cual no es realmente perjudicial hasta que uno se tropieza con la repetición de fórmulas que ya se han podido contemplar y escuchar en versiones anteriores con acabados todavía mejor logrados que las actuales. Sin embargo, esta reaparición de fórmulas, por fortuna no gobierna sobre la totalidad del trabajo."

 

*por Miguel Castro

Existe una particularidad en nuestro tiempo, que consiste en el reciclaje de tendencias y gustos brotados en épocas pasadas, y esta particularidad es observable en las formas en que las personas adaptan sus apariencias y en los elementos que introducen a la música que hacen. No es algo que envuelve globalmente las formaciones culturales, precisamente porque se trata de un reciclaje y no de una reutilización o de una repetición. Los procesos que ayuda a adelantar la industria cultural, se llevan a cabo a una velocidad sin precedentes en la historia del ser humano, y esto nos revela el hecho de que las inclinaciones y momentos de auge en el mundo musical, tienen un período desestabilizadoramente corto de vida, lo cual se hace aún más evidente cuando nos referimos a la categoría “tendencia”.  Así, es muy común encontrarnos con elementos musicales claros y relacionados directamente con tendencias de la década de los 90’s, una década no lejana temporalmente hablando, pero bastante distante si se ve desde la perspectiva del carácter efímero de las cosas del mundo incorporadas por la industria cultural.

La experiencia del shoegaze, tuvo lugar a mediados de la década de los 80’s y principios de los 90’s en tierras del Reino Unido con bandas como My Bloody Valentine, Cocteau Twins, y Slowdive. El auge de popularidad entre las personas relacionadas al mundo de la música, no duró mucho, pero su legado vino a dar frutos hasta hace unos pocos años cuando una apreciable cantidad de bandas y proyectos aparecieron en el panorama haciendo música cercana a aquellos hitos. Entonces salió a flote el nombre nugaze, y junto a él, una serie de estilos que se dotaban de elementos del shoegaze, en bandas como Whirr, Diiv, Have a Nice Life, e incluso en actos relacionados a géneros en apariencia distantes, como el metal, en bandas como Baroness, Alcest o Lantlôs.

Este reciclaje de elementos provenientes del Shoegaze, vino también acompañado de reuniones de bandas como My Bloody Valentine (cuya re-aparcición en los escenarios se impulsó por el lanzamiento en el año 2013 de “m b v”, su más reciente trabajo), Ride, The Jesus and Mary Chain, y Slowdive, banda de Reading, Reino Unido, la cual lazó un nuevo álbum el presente año titulado con el nombre de la propia banda.

“Slowdive” consta de ocho pistas muy cargadas de nostalgia de sus viejos trabajos, nostalgia que puede por momentos ser perjudicial y puede llegar a ahogar la innovación y la aparición de lo nuevo en el mundo, y este carácter perjudicial de la nostalgia se evidencia en algunos fragmentos de esta obra; sea o no intencional esta nostalgia, es un elemento con el que se topa inevitablemente quien la escucha, y ha escuchado los trabajos pasados de Slowdive. Pese a que en el álbum son evidentes los esfuerzos de la banda por traer nuevos aires a su ya bien edificada identidad musical, y son apreciables los intentos por no caer en dinámicas de repetición debido a la visible maduración del sonido, las viejas estructuras parecen permanecer intocadas por la introducción de nuevos elementos, lo cual no es realmente perjudicial hasta que uno se tropieza con la repetición de fórmulas que ya se han podido contemplar y escuchar en versiones anteriores con acabados todavía mejor logrados que las actuales. Sin embargo, esta reaparición de fórmulas, por fortuna no gobierna sobre la totalidad del trabajo.

Las pistas “Falling ashes” y “Go get it”, son quizás los tramos más débiles del álbum, pues este tipo de ideas se pueden apreciar mejor en otras piezas de la banda, como “Souvlaki space station”, y estos tramos pertenecen lamentablemente al final de la obra, lo cual no es común en grandes álbumes, como “Souvlaki”, el trabajo más icónico de la banda… álbumes en los que el sonido y los paisajes que se exploran, lo han atrapado a uno desde el comienzo hasta el final.

Ante estos débiles momentos se levantan canciones en el contenido del LP, que dan cuenta del fuerte proceso de construcción e introducción de nuevos elementos al sonido identitario de la banda, proceso que marca un esfuerzo y una pauta en el trayecto de composición del álbum, y estos puntos álgidos pueden resaltarse en una pieza como “everyone knows”, la cual es desde mi percepción, la mejor pista del self-titled, precisamente por la dinámica apenas exacta que se moviliza entre los puntos que ligan el tema a las raíces de Slowdive, y los vientos colmados con nuevas ideas que tambalean aquellas raíces sin llegar a desenterrarlas. “Everyone knows” recuerda estructuras construidas históricamente por la banda, pero es refrescante y resulta hasta un punto conmovedoramente atrayente.

De cualquier forma, en esta adecuada dinámica y co-relación de fuerzas se configura un espectro en el que colindan otros temas, y este es un espectro que va desde los puntos más débiles hasta la cima. En este espectro, se encuentra “Sugar for the pill”, tema que fue lanzado como segundo sencillo para promocionar el álbum, y que resulta bastante entretenido gracias a las melancólicas y apacibles melodías que tienen su aparición desde el principio, y con las cuales se logra cautivar fácilmente al espectador o a la espectadora. Aquí aún es posible sentir la frescura en el aire, porque las estructuras continúan jugueteando con los objetos recién ingresados al mundo que propone la agrupación, recién nacidos.

“No longer making time” es otro de los puntos relativamente fuertes del trabajo, o al menos se sitúa entre los lugares altos del espectro, y allí la misma fórmula se aplica: unas sutiles melodías fácilmente susceptibles de ser disfrutadas que van ganando intensidad conforme se adelanta la canción, y esta intensidad logra llenar livianamente cada rincón del ambiente. Cabe destacar aquí que la voz durante el álbum ayuda a fraguar todas las posibilidades de las pistas, de una forma no solo llevadera, sino también encantadora en cierto grado porque la conjunción de las voces de Chaplin y Rachel, es una que alterna acertadamente los dos tonos de acuerdo a las dimensiones que atraviesa el trabajo.

Con esta caracterización llamativa, también se puede identificar otro tema como “Star roving”, el primer sencillo del álbum que tiene sus destellos de soberbia, serenidad y lucidez, pero no alcanza por entero la altura de “Everyone knows”, y mucho menos la altura de clásicos de la banda como “Alison” o “When the sun hits”. El álbum tiene su inicio con “Slomo”, un tema que no logra atrapar por completo los oídos desde su comienzo, pero que progresivamente se va llenando de atmósferas distantes que empiezan a rodear mientras ganan proximidad. Sin embargo, la ambigüedad del inicio parece quitarle fuerza al camino que recorre la pista y probablemente al álbum en general.

Sin duda, el trabajo es interesante y se nutre de ricas dimensiones que lo hacen fácil de disfrutar, pero por momentos aquellas dimensiones no son realmente tan favorables para la identidad musical de la banda y la ponen en un terreno inestable, cosa que no es por entero negativa, pero que no dota al álbum de la magnificencia de sus mejores trabajos. Pareciera que la introducción de elementos relativos al dream-pop, debilitaran ligeramente la fortaleza de la obra, y sin duda, esto se identifica con el ascenso del dream-pop a las esferas más altas de la popularidad musical, con bandas como Beach Fossils, Wild Nothing, The War on Drugs, y Beach House. Presumiblemente, la introducción de estos elementos, como una más clara definición de los sonidos, no ayuda por entero a revitalizar y re-impulsar el shoegaze como género caracterizado por sonidos más borrosos y menos fáciles de identificar. Ante esto se pueden reconocer bandas como Ringo Deathstarr, Cheatahs, A Place to Bury Strangers o incluso Boris, quienes añaden esporádicamente pero no de forma aleatoria, vastas estructuras y sonidos del género a sus trabajos; y hasta My Bloody Valentine que con su último trabajo quebrantó el endeble patrón de viejas bandas que al reunirse hacen un trabajo nada interesante. Slowdive, por fortuna no es un ejemplo de este patrón, pues es apreciable su esfuerzo por refrescar el ambiente global del shoegaze, pero por completo el álbum no termina por ser convincente, y nos encontramos aquí con una banda aún algo lejana de la leyenda con la que estamos familiarizadas y familiarizados.

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