TESTIGOS CIEGOS

"All is well" relata una fracción de la vida de Janne, nuestra protagonista que ronda los 35 años y que estando desempleada por la quiebra de la editorial que compartía con su pareja Piet, acepta el trabajo que le ofrece un viejo amigo de la familia, Robert.

Digo que nos relata “una fracción” de su vida, pues la película empieza abruptamente como si conociéramos el pasado reciente; de igual forma la película va a terminar, pero de eso nos ocuparemos más tarde. Muy al comienzo de la película y posterior a establecer la crisis económica, Janne asiste a una reunión de ex alumnos donde es presentada con Martin, cuñado y colega de su futuro jefe; Después de la fiesta, Janne le ofrece posada a Martin en una cabaña cercana al lugar de la fiesta. Una vez dentro de la cabaña, Martin intenta besar a Janne. Ella en medio del alcohol intenta evitarlo e instar por irse a dormir:

Janne: vamos a dormir 

Martin: No, besémonos 

(risas) 

Janne: no, a dormir 

Martin: Vamos, solo uno

(risas) 

Janne: ¿uno pequeño?

Martin: sí

(beso en la mejilla)

él se acerca y la besa en la boca, ella se aparta

Janne: ¿a qué horas debes levantarte?

Martin: ¿que importa?

Janne: Ve a dormir 

Martin: Me hablas como si tuviera 5 años, no soy un niño

Janne: No te comportes como tal 

Martin: Bien

Martin la alza a la fuerza e intenta besarla agresivamente y torpemente. 

Posterior a este diálogo, sigue una serie de forcejeos y dilataciones que terminan en el abuso sexual por parte de Martín a Janne. Ella en el piso espera que Martin eyacule para poder quitarlo y terminar la noche. Martin acaba, agarra sus cosas y sale de la casa. A continuación vemos a una Janne en apariencia “tranquila” lavándose los dientes y organizando unos viejos cassettes antes de dormir. 

No relato con más detalle, pues creo que es una escena que el lector debe ver por su cuenta. Esta escena es, en mi opinión, la mejor lograda de la película, no solamente porque establece el hecho central del desarrollo argumental, sino por el carácter técnico en la actuación y la dirección. La propuesta del guión nos permite un acercamiento crudo y real del abuso sexual que encuentra puntos de referencia en la cotidianidad de nuestra sociedad machista.

Sin embargo, la película se aventura con sutileza a proponer lo que llamaré una serie de violencias explícitas y violencias implícitas que rodean a la protagonista constantemente. La película no propone concentrarnos solamente en la violencia explícita del abuso sexual que acabamos de presenciar si no que poco a poco van apareciendo una serie de violencias que envuelven a Janne. De hecho, no hace falta ir muy lejos para entender que la circunstancia previa de desempleo e insolvencia económica ya hace parte de una marginalización femenina en el campo laboral que nos permite cuestionarnos sobre la interseccionalidad a pesar de que estamos situados en el mundo alemán, y Janne es una mujer blanca de clase media. Encontramos situaciones de precarización en el acceso al trabajo que están enunciados sutilmente entre los entenderes que nos permiten los diálogos de los protagonistas. Esa precarización está, por consiguiente, totalmente relacionada con las necesidades que pasa Janne al enfrentarse a la bancarrota, y que la ponen en una situación incómoda sobre decidir irse a vivir con Piet a una casa campestre. 

Posterior al abuso nos encontramos con una escisión interpretativa que plantea diferentes caminos puesto que Janne, pese al abuso, acepta el trabajo ofrecido a sabiendas que tarde que temprano se encontrará con Martin. Sin embargo la película permite entender esta decisión en dos sentidos que se irán problematizando en su curso mismo. Desde una primera perspectiva, Janne asume una actitud de "Si no conviertes las cosas en un problema, entonces no son un problema". Esto se subraya en el título de la película (All is well “todo está bien”)  y en las interacciones que poco a poco empieza a tener Martin con Janne en el contexto laboral donde ella asume una postura sobre el abuso diciendo que todo está bien, que no le pasa nada, que no hay nada que se pueda hacer, que no quiere que se hable más del tema, y que desea que se quede de ese tamaño y nadie más sepa. Esto ocurre porque Martin la aborda en 3 o 4 momentos para disculparse, e intentar ¿resarcir o reparar? a Janne.

Una segunda perspectiva plantea que Janne asume un rol de defensa propia frente a su realidad, y sobretodo frente a Martin, dejándole claro que su violencia no la va a reducir, ni la va a minimizar a ella. Entonces ya no entendemos el “todo está bien” desde una lectura oprimida, sino desde una lectura de “no voy a permitir que tu me hagas daño”. Esto se realza cuando nos damos cuenta que Janne está embarazada (desconocemos si es producto del abuso) pero que en una reunión social se lo hace saber a Martin. Él nuevamente intenta hacerse cargo y ofrecer ayuda; a lo que Janne responde: “no seas arrogante, quizá no sea tuyo”. Asimismo vemos por momentos a una Janne frentera que asume una actitud desafiante ante la presencia masculina de Martin, dejándolo paradójicamente reducido a una disculpa mediocre.

Ambas lecturas pueden estar jugando en simultáneo pues la vida es compleja y está llena de diversidades emocionales que le aportan y enriquecen al personaje. Hay un acierto en la elaboración del personaje de Janne, una mujer que aparece con un carácter fuerte, decidida y segura de sí misma pero llena de complejidades familiares y relacionales que también la debilitan poco a poco. Nos presentan entonces un personaje real desafiando al cine dramático que muchas veces se vuelve reduccionista en las reacciones emocionales ante la tragedia, a través de tristezas explícitas y clichés. En cambio vemos un personaje que mantiene la compostura, que se derrumba, que llora, que pelea, que se enfrenta, que se resuelve y se des-resuelve, que ríe, que vive en esencia. 

Si bien las dos perspectivas se enmarañan en el trasegar de Janne, encontramos factores problemáticos que emergen de esos dos caminos y que hacen pie en la película. Pues analizando la primera perspectiva encontramos una violencia implícita anidada en nuestra sociedad sobre el trámite emocional que las mujeres “deben” hacer en su cotidianidad. Esto es, la supresión de la emoción y el autocontrol hacia todas las formas de expresión. La afirmación “todo está bien” adquiere cargas de dominación sobre las emociones humanas femeninas que históricamente los hombres han ejercido. Y esto lo notamos en las identidades que se perfilan en la película sobre los núcleos cercanos, lo vemos por ejemplo en la madre, quien replica cierta actitud machista sobre el rol de la mujer en función de sus emociones y de su propio devenir en el mundo de la pareja. 

Por otra parte, en la segunda perspectiva, encontramos que la película nos va dibujando el asentamiento de una crisis que no empezó el día del abuso, sino que, en cambio, venía de tiempo atrás motivada por las dificultades económicas y el desempleo. Y este asentamiento ocurre por dos motivos principalmente: en primer lugar porque no logramos establecer los verdaderos relatos que Janne hace para sí misma sobre lo ocurrido. De hecho no sabemos qué piensa ella en profundidad, cómo se cuenta su realidad a sí misma, cómo entiende y procesa el suceso, y cómo se evidencia ella misma en el circuito social del que hace parte. Son preguntas que no logramos responder, porque no existe un espacio para que eso ocurra, y esto nos lleva a la segunda razón: la no existencia de lugares de refugio para que Janne pueda tramitar su experiencia y su dolor. No existen personas a quién acudir: su madre es una mujer pasiva, que reproduce un machismo generacional, su pareja es incapaz de escucharla y de controlar sus propias emociones, no aparecen amigos o amigas, y su relación con el jefe es de ser un cántaro que recibe todo el machismo implícito de un hombre de 54 años que mantiene relación con mujeres jóvenes, y de quien escucha todas las desventuras y conflictos relacionados con la sostenibilidad de las relaciones. 

Ambas perspectivas del afrontamiento terminan siendo problemáticas en el desarrollo del bienestar emocional de Janne. Sobre esta cuestión volvemos a cuestionarnos sobre el machismo estructural que inhabilita emocionalmente a las mujeres al tiempo que las emocionaliza patológicamente. La emergencia emocional se vuelve selectiva y administrada por el órgano de poder, el hombre, que diagnostica a la mujer, y determina la libertad emocional que puede tener; si se trata de hablar de esencialismos entonces las mujeres son patológicamente sensibles, pero si se trata de hablar de problemáticas asociadas a la pareja en cuestión entonces la mujer debe reprimir sus emociones cotidianas por el sostenimiento del matrimonio y el hogar. La película entonces nos propone ser testigos ciegos de una realidad conocida en nuestra sociedad. Somos testigos en tanto lo vemos, pero somos ciegos porque lo desconocemos en la profundidad humana que reclama. Así mismo somos ciegos en nuestras vidas cotidianas cuando a nuestro alrededor se reproducen (reproducimos) las violencias insertadas que llevamos con nosotros, y que en muchos casos se defienden con honor y privilegio. Aquí hablo principalmente de los hombres que padecemos de una ceguera imbécil. La imbecilidad como condición del privilegio que permite por ejemplo, entre muchas otras cosas, exigir las razones del por qué las mujeres no denuncian recién sucede el abuso sexual. En este sentido la película da luces para ahondar en las complejidades del trauma por un lado, pero por otro lado, en los artefactos machistas que circundan a las mujeres que impiden precisamente proponer diálogos empáticos no revictimizantes. La película deja una estela de silencio desde su propia narrativa, pero también desde el sentir de Janne sobre decidir silenciar su historia.    

Los Simpsons Episodio 11 capitulo 6: Escena que ilustra todo el círculo moralista y machista de la sociedad marital de mediados de siglo reproducida hasta nuestros tiempos

Poco a poco el entorno de Janne desborda la capacidad emocional para afrontar los hechos. Janne no le cuenta a nadie lo sucedido, y esto incluye a su pareja Piet. Un hombre impulsivo y manipulador que ejerce una multiplicidad de violencias sobre Janne. Hay una dominación laboral sobre ella cada vez que se reclama por las decisiones de trabajo posterior a la crisis. Se cierne una desconfianza patológica sobre el devenir de Janne en su ser laboral al preguntar por la edad de sus compañeros hombres de trabajo. Asimismo existe manipulación emocional al toparse con una Janne que ya no quiere escribir textos como solía hacerlo (bajo el control laboral de la editorial compartida) y una inspección constante de las actividades extra laborales que tiene Janne. Adicionalmente encontramos agresión indirecta en la cotidianidad, que tiene como objeto la corporalidad de Janne. Existe una territorialidad de los cuerpos, que se abalanzan sobre sí y se miden continuamente evidenciando el poder y control que ejerce Piet (con su cuerpo macizo y grande) sobre Janne. 

Estos esquemas dominantes fortalecen los no lugares y espacios para Janne. Su pareja es un completo incapaz por atenderse a sí mismo y por ende poder apoyar a Janne en un momento, por demás, trascendental en su vida (incluso más allá del abuso). Finalmente el control de los cuerpos se evidencia en dos escenas claves en el intermedio y final de la película. Posterior a una discusión relacionada con el trabajo, Janne llega a su casa y se da cuenta que Piet le ha puesto seguro a la puerta. Ella lo llama y él dice que no la va a dejar entrar, por lo que Janne decide desnudarse en el pasillo y meter su ropa por la rendija del correo de la puerta. Janne sabe en su interior que esa dominación ejercida por Piet hará que deba abrirle la puerta para dejarla entrar, pues no puede dejar a “su mujer” desnuda en el pasillo. Esta escena es supremamente fuerte, pues establece la interiorización del machismo a niveles relacionales que quedan reproducidos azarosamente por Janne, por la mujer. La segunda escena que problematiza esto es cuando ella aborta y por reglas del hospital debe tener un acompañante. Ella entonces avisa a su madre, para darse cuenta cuando despierta de la anestesia, que su madre avisó a Piet, quien está enfrente de ella más concentrado en recriminar el aborto que por facilitar el regreso a casa. Aquí nuevamente los cuerpos marcan territorialidad y dominación sobre las acciones de Janne. y esto nos abre paso a un segmento de este análisis que es muy importante para caracterizar la masculinidad dentro de la película. 

LOS HOMBRES DEL FILME Y LA GESTIÓN EMOCIONAL

Piet no sabe nada, ni sabe del abuso, ni sabe que Janne está embarazada, y en esta realidad hay una cuota de desconcierto por parte de Piet. Sin embargo, esta escena nos permite acercarnos a comprender dos arquetipos de hombres que se proyectan en la película y en la vida de Janne reafirmando la doble ceguera de la que hablaba anteriormente. 

Por un lado tenemos a Martin, el abusador, que en múltiples momentos aborda a Janne y en el otro extremo está Piet, quien jamás se ha acercado a su pareja y que prefiere darle prioridad a sus propias emociones que a las de su pareja. En esta “dicotomía” encontramos nada más que paradójica similitud. Los acercamientos de Martin son pobres, escuetos y de alguna manera cínicos, en tanto pretenden derivar la responsabilidad de la reparación en Janne: 

Martin: lo siento, No se como comportarme ahora 

Janne: Ahora no puedes hacer nada ¿qué harías? 

Martin: no es como sí… no sé… debes decirme que necesitas o qué puedo hacer

Janne: Que tierno, podrías traerme chocolates 

Martin: solo queria decir que haré lo que quieras 

Esta interacción se repite en todas las oportunidades donde Martin aborda a Janne. No solo podemos desconfiar de la voluntad de Martin, puesto que quizá si Janne no hubiera entrado a trabajar en la misma oficina, no se habría molestado en abordarla, sino que plantea los escenarios de crianza emocional que los hombres hemos tenido históricamente. Existe una fragilidad profunda en la empatía y los recursos emocionales de los hombres para hacer frente a las acciones que por lejos, sí están sobre explotadas en la crianza masculina; me refiero al abuso explícito o implícito. La crianza plantea la idea de la “conquista”, del hombre que no debe sentir, la subordinación y precarización femenina respecto al hombre, la satisfacción de estímulos, la caracterización biológica predadora, la domesticación femenina y la emancipación emocional del hombre otorgada violentamente a la mujer. El mismo patrón se repite en Piet, las mismas pautas de crianza anteriores aplican para la violencia ejercida por la pareja: la dominación sobre el cuerpo, la derivación emocional, y la incapacidad de atender las emociones de otros y otras y en cambio privilegiar los impulsos sexuales o no sexuales masculinos. Piet se niega a hablar en dos oportunidades durante la película, dos oportunidades que hubieran servido la mesa para que Janne tuviera finalmente un espacio para hablar de sí misma y abrirse con la persona que supuestamente la ama, pero esto nunca ocurre. Finalmente Piet en el hospital prefiere darle rienda a su molestia por el desconcierto que él mismo provocó, en vez de ser empático con Janne quien está saliendo de una anestesia por aborto. En síntesis sobre este aspecto reflexionamos que no solo se trata de abrir un espacio de diálogo per sé, sino que hace falta encontrarse en la voluntad de la receptividad emocional que debe ser imperativo en lo relacional para marcar una diferencia significativa en la forma en que crecemos y nos tratamos. Martin abre el canal 4 veces, Piet ninguna, y el efecto de silencio y soledad no cambia por ese tecnicismo. La película permite re pensarnos qué tipo de hombres construimos como sociedad y la necesidad de romper con los lazos de la crianza machista que privilegia la “no emoción” del hombre sobre la patologización emocional de la mujer cultivada por años. 

Al comienzo de este análisis transcribí la conversación previa al abuso entre Martin y Janne. Puesto que me queda sonando en la cabeza que la frase “no tengo 5 años” y “no te comportes como tal” juega en un doble horizonte de sentidos que direcciona hacia el abuso, y que nos permite también hablar del consentimiento. Cuando establezco que existe un doble sentido, no estoy justificando ese “doble sentido”, es claro que no hay consentimiento en la escena, sin embargo no puedo dejar de pensar que la frase “no te comportes como tal” amenaza el ego del hombre depredador. Provocación a su vez en dos sentidos, primero como cuestionamiento a la virilidad comparando un hombre adulto con un niño de 5 años, y segundo, el ego masculino, en su defensa decide arbitrariamente comprender el rechazo como “seducción”, como bisagra que incentiva el acto sexual en aquella bizarra libertad de “entender” que las faldas incitan a los hombres, o que las mujeres no pueden ir solas en la calle. Esta idea nos aterriza nuevamente en el cuestionamiento sobre la educación y crianza que construye la idea de masculinidad en nuestra sociedad y que es necesario desbaratar. Para dar un ejemplo del desmantelamiento que se debe hacer, podemos hablar de la idea  de “perseverancia” como valor destacado en la “conquista” de una mujer. 

Adicionalmente a Piet y Martin, nos encontramos con Robert, su jefe, quien como dije anteriormente, sostiene una relación con la hermana de Martin, quien es mucho menor. En la relación que va gestando Janne con Robert podemos argumentar que se completa una triada de las expectativas creadas que la sociedad tiene sobre las mujeres. Piet el novio controlador que privatiza el cuerpo y la libertad de Janne, Martin quien sexualiza y objetiza el cuerpo de Janne y finalmente Robert quien reclama continuamente el rol de madre en Janne contándole y expiando sus pecados relacionales, aun cuando Janne atraviesa una época difícil que no es advertida por ninguno de los tres hombres. Con mirada perdida dentro de un boliche y sabiendo de un embarazo no deseado, Janne escucha las desventuras de Robert esperando consejo y absolución. Janne solo apunta a decir satíricamente: “cogela tres veces al día. Podría quedar embarazada y estar de mejor humor”.

Estos roles machistas erosionan el bienestar de Janne, conduciendo a una profunda soledad que se evidencia en las escenas finales de la película, cuando su madre no le contesta el teléfono en medio de una profunda crisis, o en la decisión de irse del trabajo al enterarse del accidente automovilístico de Martin, hecho que ocupa la atención de toda la oficina en contraposición de la no-atención recibida por personas del círculo “afectivo” de Janne en medio de los hechos que le han acontecido durante la película. El cierre se da en una metáfora de la vida de Janne, dentro de un tren parado mientras Janne solo se repite “tengo que seguir” a sí misma mientras la encaran unos policías por no haber pagado el pasaje. Janne permanece sentada negándose a salir del vagón. “tengo que seguir”

“tengo que seguir”

“tengo que seguir”

“tengo que seguir”

“tengo que seguir”

“tengo que seguir”

El metro sigue sonando durante los créditos

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