MADRES Y PUTAS

A lo largo de su vida social, una mujer podrá ser catalogada como madre o puta. En su mayoría de veces no hay que entender estos dos términos, totalmente opuestos en la lógica patriarcal, de manera literal. Se debe entender la madre como sinónimo de lo privado, y la puta como de lo público, ya que es desde ahí donde han surgido las diferentes tensiones que atraviesan la existencia de los cuerpos de las mujeres. La madre es aquella mujer dispuesta al cuidado de quienes la rodean: no cuestiona, no asume un rol determinante en su vida, sino que es más bien una espectadora de las vidas que la rodean, y a las cuales sirve. Su espacio y su vida se disponen alrededor del cuidado, por lo tanto se entiende que no está sola, ya que habrá quienes pregunten por ella en su ausencia. 

En contraposición está el lugar de la puta. Sonia Sánchez, sobreviviente de la prostitución lo define como la soledad. La puta es abstraída de su mundo, no tiene amigos, hijos, pareja, o padres. En lo público no hay quien la reclame como madre o esposa: “Es importante entender que la soledad de la puta es la condición para favorecer tu explotación porque es una soledad que aísla y que hace de tu entorno un pozo que te provoca soledad. Nunca estás con otra, otro” (Sonia Sánchez, 2007). Es una mujer pública, porque está lista para la satisfacción de todo el mundo, sin embargo está sola, y sobre todo hay una omisión a su propio lugar, ya que no puede tomar la palabra por ella misma, sino que son los demás quienes van a narrarla a través de ellos. 

En la película colombiana Las tetas de mi madre del director Carlos Zapata, se enfrentan ambos roles. La película nos muestra la vida de Martín, un niño de clase baja en Bogotá, quien sueña con viajar a Disney con su madre, razón por la cual trabaja repartiendo pizzas después de estudiar. Una noche entra a pedir prestado un baño en un burdel y sin quererlo entra a una cabina de striptease. Al entrar descubre que su madre trabaja por las noches como striptease y, como nos deja ver más adelante la película, ejerciendo la prostitución. A partir de ese momento, Martín se dedicará a ir de manera constante al burdel para ver a su madre, impidiendo que otros hombres puedan entrar a verla. 

Desde esa noche en el burdel, Martín se relacionará de forma edípica con su madre, por lo que el binarismo madre/puta estará en toda la película. Su madre ya no podrá ejercer relaciones sexo-afectivas con más personas sin que su hijo esté detrás de todas ellas interfiriendo en la vida de su madre constantemente hasta el final de la película. Ahora bien, a pesar de que la película gire en torno a la vida de María y al binarismo ya nombrado, resulta interesante ver que aun así, parece que la vida de María no es suficiente para ser vista por sus propios ojos, sino que necesita que su hijo sea quien la vea, y quien la sufra por ella. 

Pues bien, María podría ser cualquier mujer en el mundo, ya que a través ella la película está mostrando la mirada masculinista hacia las mujeres en tanto que somos madres cuando nos disponemos a cuidar. Es preciso recordar que la mirada de la madre también podría recaer en la hija, la hermana, o la esposa, ya que estas también se ubican en el cuidado hacia los demás. Todas las mujeres han sido criadas para cuidar y atender. A su vez, también podrían ser putas, no precisamente por desligarlas de un estándar patriarcal y liberarse sexualmente, sino por la disposición que ha tomado el cuerpo de ellas frente a los hombres: allí ya no se asume un ejercicio del cuidado dentro del sistema de reproducción doméstica sino de satisfacción del placer masculino y se asumen los cuerpos de las mujeres como cuerpos desechables que sirven mientras se encuentran bajo los ojos de los hombres. Después de ese instante es un cuerpo que es vulnerable al descargo de la misoginia. 

Por otra parte, María es completamente omitida en todo el filme, no parece ser humana, está ahí para ser madre, puta o amante. Sus sentimientos frente a todo lo que ocurre ni siquiera ocupan un segundo plano en la película, simplemente están ausentes, el rol que tiene María en toda la historia es el de ser la razón de la decadencia de su hijo frente al contexto del consumo de drogas y la violencia urbana. Por lo tanto se asume que ella es la culpable de que su hijo fuera amigo de “Cacharro”, amigo de Martín, quien lo introduce al mundo de las drogas, mientras que María se expone noche tras noche a la violencia sexual dentro y fuera del burdel. 

No se sabe, precisamente por la omisión, qué posición tenía María para ejercer la prostitución por las noches y trabajar en una panadería en el día. La omisión también está presente cuando está en el burdel, ya que es completamente enajenada de su placer sexual: ella no sabe quién la observa, sin embargo tiene que pretender placer para que los hombres puedan saciar su deseo sexual. María es inocente de saber que su hijo la observaba noche tras noche, saboteando la electricidad cuando otro hombre entraba para frustrar el deseo de los hombres por verla. Es omitida cuando sostiene relaciones sexuales con un hombre en su propia casa, ya que solo es el vehículo para que Martín y este hombre tengan un enfrentamiento por la propiedad sobre el cuerpo de María. Por eso, la película en sí es una omisión completa a las mujeres inmersas en estos contextos, porque nunca sabemos qué pasa por sus mentes. 

La película habla sobre los dramas de quienes rodean a María pero no habla sobre su propio drama, sobre su propia existencia como mujer. Sabemos por qué Martín trabajaba repartiendo pizzas, pero no sabemos por qué, ni quiénes llevaron a María a trabajar todas las noches en ese burdel. Sabemos la opinión y los sentimientos de Martín frente a lo que hace su madre, pero ni por un minuto encontramos la propia voz de su madre respecto a lo que ella tiene que pasar noche tras noche. Es tan reducida la visión de las mujeres en esta película, que aunque abarque un fenómeno que atraviesa directamente la vida de las mujeres, el drama ni por un momento las voltea a ver.  

No obstante, la película hace una perfecta descripción de lo que son las mujeres: espectadoras en la vida de los hombres. Las mujeres en esta película y en la vida pública y privada son la abyección, la otredad, el castrado, lo no hombre. El borrado de las mujeres ha estado presente desde que empezaron a definirlas por lo que las ha sujetado, y por quienes las han reclamado como suyas, por eso ocupan sus propios cuerpos en sujeción a sus hijos, esposos, padres, al proxeneta y al putero. Por esta misma razón, es coherente en mostrar estas realidades de esa forma: a través de los hombres que rodean a María, mas no desde ella misma. 

Bibliografía

Sonia Sánchez, M. G. (2007). La soledad de la puta. En M. G. Sonia Sánchez, Ninguna mujer nace para puta (pág. 21). Lavaca editora: Buenos Aires.

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